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María Inés FERNÁNDEZ |
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| Voto femenino: Evita lo hizo |
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El 23 de setiembre se conmemora el aniversario de la promulgación de la Ley 13.010, que impulsada con pasión militante por Eva Duarte de Perón, abrió una etapa fundacional en la institucionalidad argentina: la concreción del voto femenino, una herramienta cívica que vino a subsanar décadas de incomprensible discriminación.
En los albores del primer gobierno peronista -allá por 1946-, Evita hizo propia la causa de los derechos de la mujer, que fueran reivindicados desde los primeros años del Siglo XX por nombres como los de Cecilia Grierson, Alicia Moreau de Justo, Elvira Dellepiane, Julieta Lantieri, Carmela Horne y Victoria Ocampo. La lucha por el sufragio femenino venía de muchos años y se encuadraba dentro del movimiento mundial por la emancipación de la mujer, en el que Nueva Zelanda fue pionero instaurándolo en 1893.
Pero la actividad de las agrupaciones feministas de entonces -básicamente conformadas por mujeres de clase media y alta- estaba fundada en un activismo moderado, reducido generalmente a la presentación en el Congreso de proyectos pro-voto, la realización de simulacros de elecciones o el reparto de volantes. Faltaba una apertura de esas organizaciones al conjunto de las mujeres, faltaba una proyección más allá de sus propias fronteras, faltaba una visión más integradora del problema, faltaba abrirse al pueblo. Faltaba, en definitiva, lo que supo hacer el peronismo.
Y es el General Perón desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, en 1945, quien crea la División de Trabajo y Asistencia a la Mujer, desde la que da fuerte impulso a la cuestión del sufragio femenino. Rápidamente se produce un quiebre entre las asociaciones sufragistas: sólo la Asociación Argentina del Sufragio Femenino -presidida por Carmela Horne- presta decidido apoyo a las medidas de gobierno en pro de tal reivindicación. En el otro extremo, la Asamblea Nacional de Mujeres -encabezada por Victoria Ocampo- comienza a militar en la oposición a la iniciativa.
Pero las elecciones generales de 1946 demuestran que, ya en apoyo del laborismo, ya en respaldo de la Unión Democrática, las mujeres ingresan en la política nacional. Sólo resta legitimar esa presencia, tarea a la
Evita se lanza de lleno con la energía y el compromiso que jalonaron cada uno de sus actos.
Con Perón en el ejercicio de la presidencia, la Primera Dama emprende una intensa campaña por diversos frentes: negocia con legisladores; promueve la iniciativa ante representantes del extranjero; suma a mujeres nucleadas en centros cívicos; "hace campaña" por la radio y los medios escritos... Pero lo más saliente -y que marca la profunda diferencia con los intentos anteriores- es que la prédica de Evita se direcciona hacia el común de las mujeres: grupos de obreras pegan carteles en las paredes reclamando la ley, publican manifiestos, organizan actos.
El reclamo deja de pertenecer a un "ghetto" de iluminadas y profesionales y se corporiza entre las mujeres simples y corrientes, entre las trabajadoras de las fábricas y las amas de casa. Una vez más, el peronismo abriendo sus brazos para contener a la totalidad de los grupos sociales...
Y nuevamente la incomprensión de algunos, o mejor dicho, de algunas. Cuando aquel 23 de setiembre de 1947 se promulga la Ley del Sufragio Femenino, algunas pioneras del feminismo vernáculo se levantan contra la iniciativa interpretando que se consagraba de antemano a un partido y no a la defensa de la causa de todas las mujeres. El lema utilizado fue "Ahora no queremos votar", pero la historia indica que en 1951 -cuando se materializó la posibilidad de elegir- todas las mujeres habilitadas para votar así lo hicieron, fueran peronistas o no.
En las elecciones del 11 de noviembre del '51, 3.816.654 mujeres estrenaron su decisión soberana y eligieron a sus representantes. El peronismo -siempre a la vanguardia- fue el único partido que llevó a mujeres en sus listas, lo que permitió que 23 diputadas y senadoras ocuparan sus bancas a partir de 1952.
"Todo, absolutamente todo en este mundo contemporáneo ha sido hecho según la medida del hombre", decía Evita a mediados del siglo que acaba de finalizar. "Nosotras estamos ausentes en los gobiernos, estamos ausentes en los Parlamentos, en las organizaciones internacionales. No estamos en el Vaticano ni en el Kremlin. Ni en los Estados Mayores de los imperialismos ni en las comisiones de energía atómica...No estamos en ninguno de los grandes centros que constituyen un poder en el mundo".
Las relaciones de poder han experimentado notables transformaciones desde aquellas definiciones, es cierto. En el caso argentino, por ejemplo, hemos conseguido que la Ley 24.012 -conocida como de "Cupo Femenino"- nos reserve un 30% en la composición de las listas para todas las compulsas electorales.
Pero ese logro no fue suficiente ni puede servirnos de consuelo paralizante. Siempre se puede ir por más si se cuenta con la razón y el ímpetu para dar la lucha. Y la gesta revolucionaria de Eva Perón da prueba de ello.
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Article File / Ficha del Artículo
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Title: /
Título:
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Voto femenino: Evita lo hizo |
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Language: /
Idioma:
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Spanish / Español |
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Author: /
Autor:
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María Inés FERNÁNDEZ |
Author email address:
Correo electrónico del autor:
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Author credit:
Crédito del autor:
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Diputada provincial por el Partido Justicialista (Argentina)
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Type of text:
Tipo de texto:
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Opinion article / Artículo de opinión |
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Category: /
Categoría:
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Classic text /
Texto clásico
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No. of words:
Núm. de palabras:
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801 |
Article introduced on:
Artículo introducido el:
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This archived article is older than January 2006 when the current service was rebuilt.
Este artículo es anterior a enero de 2006, cuando se reconstruyó el servicio actual.
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