El nacimiento del Siglo XXI tuvo lugar en momentos muy especiales para el escenario internacional. En forma extraña coincidió con el nacimiento de una nueva era en la cual los asuntos polÃtico-ideológicos han cedido lugar a los temas de desarrollo económico y en el que se fomenta la creación de un nuevo marco económico internacional, donde la Organización Mundial del Comercio (OMC) está llamada a jugar un rol crucial.
En este contexto, resulta muy interesante presenciar el proceso de inserción de la República Popular de China (RPC) al escenario internacional, como un actor más activo, polÃtica y económicamente hablando. No cabe duda a estas alturas de la historia que la RPC ha tenido un desarrollo polÃtico y económico a nivel internacional que ha fascinado al lector más ligero.
Desarrollo PolÃtico
En cuanto a su desarrollo polÃtico, Beijing ha visto aumentado su poder relativo en todos los niveles del ámbito internacional. Su presencia se extiende desde la tÃmida asunción del lugar que le correspondÃa como miembro permanente del Consejo de Seguridad de NU, hace 30 años atrás, a tener una presencia sólida en todos los organismos internacionales. En materia estrictamente polÃtica se destaca el rol que China ha jugado como un elemento estabilizador en la región de Asia. A su manejo como peacemaker en los conflictos entre India-Pakistán y en el de las dos Coreas, asà como en las relaciones Ruso-Japonesas, se suman las soluciones pacÃficas que ha encontrado para resolver sus conflictos limÃtrofes con alguno de los actores mencionados y con otros como Vietnam.
También en el ámbito polÃtico se ha destacado la mesurada reacción que tuvo al bombardeo de su Embajada en Belgrado por la OTAN, dirigida por el que se reconoce su competidor natural, los EE.UU.
Por otra parte, el regreso de Hong Kong y Macao a soberanÃa China ha fortalecido su consolidación territorial y el principio "un paÃs dos sistemas", restando solamente el complejo tema de Taiwán.
En suma, China ya comienza a ser valorado como un actor "maduro" para las relaciones internacionales, uno capaz de asumir los nuevos desafÃos que se imponen complejas agendas bilaterales, regionales y multilaterales.
Desarrollo Económico
Si los logros polÃticos de China han dejado una buena impresión en la mayorÃa de los analistas, no es menos cierto que su desarrollo económico ha sido simplemente sobresaliente. Desde el tiempo de las reformas de 1978, cuyo mentor fue Den Xiaoping, China no parado de crecer a ritmos notorios que le han reservado un capÃtulo especial en todo manual de economÃa moderna. China a evolucionado desde, prácticamente, no aparecer en las estadÃsticas relevantes mundiales, a situarse como el responsable del 10% del producto total mundial, siendo el noveno mayor exportador mundial. Todo esto en poco más de veinte años.
Además, su manejo en la crisis asiática comenzada en 1997 en Tailandia y su compromiso de no devaluar su moneda, para no agravar la crisis, le han reportado numerosas muestras de simpatÃa y respeto, a nivel regional y en los órganos especializados multilaterales.
El inminente ingreso de la RPC a la OMC, luego de concluidas las negociaciones con EE.UU. y la Unión Europea, abre un nuevo escenario para las relaciones económicas internacionales. Se trata de la incorporación del mercado potencial más grande en la historia de la humanidad al comercio internacional libre que promueve la OMC. Este hecho está llamado a definir gran parte de las relaciones que se establezcan en el transcurso del Siglo XXI, por sus efectos polÃticos y por su relevancia económica.
Zonas de Conflicto / Cooperación
El proceso de inserción internacional que vive China invita también a una reflexión mayor en otras materias como puede ser la conservación del medio ambiente, el respeto a las minorÃas étnicas, la proliferación nuclear, etc. No cabe duda que también es posible identificar áreas de fricción en materia de respeto de derechos humanos y en el reconocimiento y respeto de un nivel adecuado de derechos laborales.
Todas estas áreas constituyen un verdadero desafÃo para las culturas de oriente y occidente. Pero más que zonas destinadas al conflicto, hago votos para que sean ámbitos destinados al intercambio y a la cooperación. En mi parecer el camino adoptado por muchos paÃses Europeos y de América Latina, de establecer un diálogo en materias sensibles, como derechos humanos, es una prueba que la cooperación es posible y fructÃfera.
|