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Alejandro A. TAGLIAVINI |
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| No existen las guerras justas |
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| la principal fuente, no sólo de las guerras directamente, sino de las discriminaciones y fricciones entre los pueblos son los Estados y su capacidad violenta, de imponer coactivamente sus voluntades, leyes y reglamentaciones. Capacidad violenta, de coacción, que deberÃa disminuirse al máximo posible. | |
Siempre desconfié de la violencia como método eficaz para solucionar cualquier problema, ergo, siempre desconfié de las guerras. Hasta que leà unas declaraciones del actor Charlton Heston, miembro del "establishment", quien afirmó (probablemente sin saber hasta dónde estaba llegando): "... recuerdo estar volviendo desde ultramar en una mañana soleada de victoria al final de la Segunda Guerra Mundial (SGM)... pensábamos que la libertad rápidamente se esparcirÃa por el mundo, que quedarÃa libre de guerra y tiranÃa. Estábamos equivocados. Fue la tiranÃa la que prosperó, por más de cuarenta años. Es importante recordar: existió un Imperio DemonÃaco, hubo una Guerra FrÃa... y ganamos"(1).
¿Cómo? Pero entonces la SGM no fue la guerra más eficaz, tan necesaria para que Occidente se librara del mal, según cuenta el relato oficial, la historia de los Estados que necesitan justificarse, su papel de policÃa mundial y su armamentismo. Un análisis objetivo muestra cosas muy diferentes.
La SGM, en lugar de acabar con una tiranÃa, dio lugar y hasta legitimó a otra quizás peor: el imperio soviético. La gran ironÃa es que ésta última dictadura, aun siendo mucho más poderosa, ya que contaba con imponentes arsenales nucleares, luego fue vencida, ¿cómo?, sin guerras, a través de la paz.
Un solo homicidio no puede justificarse, sin que importe su ideologÃa, nacionalidad, grupo étnico o cultural, raza o religión, o cualquier otra caracterÃstica. De manera que las estadÃsticas tienen poco sentido, sin embargo, nos sirven para graficar la cuestión.
Cuántos seres humanos habrÃa asesinado Hitler de haber seguido hasta el final, nunca lo sabremos. Pero, aun si hubiera borrado del mapa al actual Israel (6,5 millones de habitantes, 80% judÃos y 20% musulmanes); peor, aun si hubiera asesinado a todos los judÃos del mundo, unos 18 millones, más unos, digamos 10 millones de europeos no judÃos, aun asà (lo que es extremadamente exagerado), hubiera asesinado a menos de 30 millones de personas. Pero la SGM produjo al menos 36 millones de vÃctimas y algunos investigadores aseguran que fueron más de 45 millones. Además la SGM destruyó ciudades enteras, provocando unas pérdidas materiales y económicas que Hitler jamás hubiera provocado.
Pero la gran ironÃa es que la SGM no sirvió para desterrar las tiranÃas, por el contrario, además, creo al imperio soviético que, solamente bajo Stalin, asesinó a más de 33 millones de ciudadanos, más de lo que podrÃa haber hecho Hitler.
Por otro ejemplo, veamos qué sucede con las guerras actuales. Lejos de terminar con el terrorismo, la guerra liderada por EE. UU. ha aumentado el sentimiento contra los aliados, asà la red Al-Qaeda se ha visto reforzada y hoy cuenta con más de 18.000 militantes, según un informe del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS, en inglés), de Londres. Además, las finanzas del grupo terrorista "gozan de buena salud", lo que permite que Al Qaeda provea de entrenamiento a milicianos e islámicos fundamentalistas de todo el mundo. Informe o no, es evidente que la acción terrorista ha recrudecido, los muertos van en aumento y, además del costo material que supera al PIB de Argentina, el mundo es más inseguro.
Según santo Tomás de Aquino: "La violencia se opone directamente a lo voluntario como también a lo natural"(2). AsÃ, Etienne Gilson asegura que para el Aquinate "Lo natural y lo violento se excluyen, pues, recÃprocamente, y no se concibe que algo posea simultáneamente uno y otro de estos caracteres"(3). Consecuentemente, mal puede la violencia, cualquier violencia, la guerra, conseguir algo positivo cuando es de suyo contraria a la naturaleza, al orden natural, destruyéndola.
¿Cómo se consigue la paz? Son los Estados (los que hacen las guerras), vÃa el monopolio de la violencia que se les atribuye, los que, entre muchos errores, establecen fronteras (pasaportes, visas, aduanas) infranqueables e irritantes, impidiendo la entremezcla pacÃfica de los pueblos. Además de la desocupación interna que provocan con leyes laborales impuestas al mercado coactivamente. En otras palabras, la principal fuente, no sólo de las guerras directamente, sino de las discriminaciones y fricciones entre los pueblos son los Estados y su capacidad violenta, de imponer coactivamente sus voluntades, leyes y reglamentaciones. Capacidad violenta, de coacción, que deberÃa disminuirse al máximo posible.
Notas:
(1) 'Remembering Great Men', Imprimis, Hillsdale College, Hillsdale Michigan, May 1997, Volume 26, Number 5, p. 7.
(2) S.Th., I-II, q. 6, a. 5.
(3) 'El tomismo', Sda. Parte, CapÃtulo VIII, EUNSA, Pamplona 1989, p. 438.
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Article File / Ficha del Artículo
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Title: /
Título:
|
No existen las guerras justas |
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Language: /
Idioma:
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Spanish / Español |
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Author: /
Autor:
|
Alejandro A. TAGLIAVINI |
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Crédito del autor:
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Articulista argentino.
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Type of text:
Tipo de texto:
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Opinion article / ArtÃculo de opinión |
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Category: /
Categoría:
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Classic text /
Texto clásico
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No. of words:
Núm. de palabras:
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719 |
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Este artículo es anterior a enero de 2006, cuando se reconstruyó el servicio actual.
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