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By / Por: Jordi FONT
Antigua corrona, eurregión de futuro
El Gobierno español no puede negar la evidencia de la España plural y policéntrica. No puede empecinarse en su modelo radial y centralista sin que ello vaya en detrimento de la credibilidad del sistema.

El 9 de septiembre del 2002, se reunían en Barcelona los responsables socialistas de las cuatro comunidades integrantes de la antigua Corona de Aragón. Hablaron sobre todo del agua, de la alta velocidad, de los puertos y los aeropuertos, de los grandes activos y retos que les son comunes y que tienden a configurar una potente eurorregión de futuro. Hablaron también de la común tradición política de esos territorios, caracterizada por la noción de "Estado compuesto", tan apropiada para la articulación de la creciente interdependencia que se da en Europa y en el mundo. Y emitieron un mensaje fundamental, de manera solemne: la voluntad compartida de avanzar hacia el desarrollo federal de la Constitución. No era la primera vez que, desde ese ámbito territorial, se emitía esa posición compartida. En efecto, el 18 de mayo de 1869, se establecía el llamado Pacte de Tortosa, impulsado por Valentí Almirall, dirigente federalista, hijo político de Francesc Pi i Margall y definidor del primer catalanismo. El historiador Josep M. Figueras explica que "se encontraban en Tortosa representantes de los antiguos territorios de la Corona de Aragón, con la intención de vertebrar un sistema federal de articulación del Estado", porque "intervenir en la situación política (española) sólo con el apoyo de un sector del federalismo era casi estéril", motivo por el cual "se optó por la vertebración de un pacto entre fuerzas federales". El mismo Valentí Almirall nos cuenta que, "en España, hay dos tendencias bien marcadas y distintas": la "tendencia central", que nos lleva "a la absorción, al predominio, a la imposición", y "la tendencia de las regiones de levante", que "nos lleva a la expansión, a la libertad, a la autonomía". Por eso hacía falta el pacto de Tortosa, para que la tradición "levantina" pesara en España y tratara de conducirla hacia un modelo de Estado compuesto, que interiorizara su pluralidad territorial. Sólo así, España sería viable. Los territorios de la vieja Corona de Aragón disponían de una tradición política que, viva aún en los rescoldos de 1714 o reinventada para la ocasión, era útil al intento de promover un Estado basado en la pluralidad de sus componentes territoriales. En efecto, la Corona de Aragón no había sido un reino homogéneo, sino diverso, de naturaleza confederativa y de cortes itinerantes. Es famoso, por su singularidad y significación, el juramento de lealtad al conde rey: "Nosotros –que somos tan buenos como vos–, juramos a vuestra merced –que no sois mejor que nosotros– aceptaros como rey y señor soberano, siempre que respetéis todas nuestras libertades y leyes. Y si no, no". Se trata de una tradición contractual, basada en el pacto entre las partes y en el pacto con la corona. Una tradición que, en el siglo XVIII, tomaría el nombre de "austriacismo" frente al unitarismo borbónico. Y que, en el siglo XIX, se denominaría federalismo frente al "viejo régimen" y frente al jacobinismo de algunos republicanos. Sería paradójicamente un Borbón quien arbitraría, a finales de los setenta, el retorno a la democracia bajo la forma de "Estado de las autonomías", compuesto y federalizante. Era el fin de un trágico desencuentro histórico. Un desencuentro que algunos parecen hoy empeñados en resucitar, tratando de petrificar la Constitución, cercenando sus potencialidades, yugulando su natural desarrollo y convirtiéndola en munición partidista. Se nota que no la votaron y que le tienen poco cariño. Es el viejo nacionalismo español que, por excluyente, da pie al nacionalismo independentista y alimenta, en palabras de Raimon Obiols, "la espiral de los dos estatalismos enfrentados". De un lado, el estatalismo del Estado existente, tratando de constreñir la realidad para hacer de ella una nación a su medida; del otro lado, el estatalismo de las naciones constreñidas que cifran su panacea en la obtención de un Estado a su medida. Sorprendente polarización, cuando todo apunta a la distribución de buena parte del poder de los viejos estados hacia un complejo sistema de interdependencias que incluye lo próximo, lo continental y lo mundial. Frente a los absurdos estatalismos de uno y otro signo, los territorios de la antigua Corona de Aragón comportan una secular cultura de pacto territorial, cuya moderna formulación, el federalismo, contiene las claves del futuro: iniciativa y responsabilidad sociales; proximidad, municipalismo y autogobierno de los pueblos; y unión federal hacia arriba, para articular las interdependencias, para dar forma a la única España viable –donde quepa y pueda desarrollarse la diversidad nacional que la compone–, para construir la Europa fuerte que nos conviene y que le conviene al mundo. Pero no se trata sólo de una tradición política y cultural con renovadas y benéficas utilidades de futuro. La antigua Corona de Aragón junto con algunas comarcas del sur de Francia configuran ya hoy una importante realidad de futuro. Una región europea que, por su potencia económica, por su creatividad, por su ubicación y por las virtualidades estratégicas que encierra, está llamada a pisar fuerte en el circuito global de la producción de conocimiento y de riqueza. Es lo que ha venido en llamarse "la California europea", el activo y atractivo "arco occidental del Mediterráneo". Fueron las ciudades, desde el realismo que las caracteriza, las que le pusieron nombre en los ochenta, con la creación del "C-6", un eje integrado por los municipios de Palma, Valencia, Barcelona, Zaragoza, Montpellier y Toulouse. Hace tiempo que esa eurorregión se trasluce en los mapas estratégicos de los agentes económicos. No, no se trata de ningún invento táctico o circunstancial. Se trata de una realidad. Y la realidad no se puede ignorar sin graves consecuencias. El Gobierno español no puede negar la evidencia de la España plural y policéntrica. No puede empecinarse en su modelo radial y centralista sin que ello vaya en detrimento de la credibilidad del sistema. El señor José María Aznar debería saberlo. Esto es lo que Pasqual Maragall está señalando, lealmente, y no sirve de nada morderle el dedo. La realidad sigue ahí y acabará por irrumpir en el escenario, dando al traste con las escenografías. No se equivoquen ustedes.

Article File / Ficha del Artículo
 Title: /  Título: Antigua corrona, eurregión de futuro
 Language: /  Idioma: Spanish / Español
 Author: /  Autor: Jordi FONT
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 Crédito del autor:
Autor catalán y miembro del consejo nacional del PSC. (Catalunya-España)
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 Tipo de texto:
Opinion article / Artículo de opinión
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 Classic text /  Texto clásico
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988
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