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By / Por: Juan Carlos BERMÚDEZ
No queremos polarizar al país
Entrevista con Carlos Rodríguez, presidente de la CUT
Si uno observa el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, encuentra que el Una negociación no es para ganar o perder sino para impulsar salidas a un problema. El enemigo no es el oponente en la mesa sino el conflicto mismo. Eso implica negociación sin polarización.

Este santandereano tiene un aire del ex líder soviético Mijail Gorbachov y parece adelantar una especie de 'perestroika' en el sindicalismo del país. Su revolución es la del salto de la confrontación a la negociación y la concertación; de los minisindicatos a los grandes sindicatos sectoriales; del sindicalismo de la convención colectiva al que quiere gobernar empresas e, inclusive, el país. Hace ocho meses, su elección como presidente de la Central Unitaria de Trabajadores (Cut), la principal organización sindical del país, fue todo un palo. Su hoja de vida muestra que la sorpresa no debía ser tanta: fue fundador de Sintradecol, el gran sindicato del sector eléctrico que hoy es un modelo a seguir; estudió ciencias políticas y se define como socialdemócrata serpista y no de la corriente de Lucho Garzón. También es un prolífico escritor: tiene publicados 109 documentos y una decena de 10 libros, el último de los cuales es sobre el Referendo. ¿Por qué su discurso sindical no es de confrontación? Tenemos criterios de negociación distintos a los tradicionales. Una negociación no es para ganar o perder sino para impulsar salidas a un problema. El enemigo no es el oponente en la mesa sino el conflicto mismo. Eso implica negociación sin polarización. ¿Pero sigue siendo su principal objetivo el beneficio para el sindicalizado? Ahora no estamos negociando solo para los intereses de los trabajadores, sino para el conjunto de la sociedad. Nos interesa el presupuesto, la deuda externa, la corrupción, la seguridad. Hoy, el sindicalismo está preocupado no solo por la convención colectiva de trabajo sino por el fortalecimiento de la entidad como tal, llámese empresa privada o estatal. Esa visión implica una serie de peleas internas. ¿Están resueltas? No. Por supuesto, en el movimiento sindical tiene varias visiones. Hay compañeros que aún consideran que la movilización es para la confrontación y la algarabía. Pero nuestra argumentación es sólida y tiene un acompañamiento de masas importante. En esa línea de no confrontación, ¿cómo se entiende que ustedes insistan en que venga una comisión de encuesta a la OIT, que puede resultar perjudicial para el país? No quisiéramos eso, pero no nos queda otro mecanismo que presionar internacionalmente para que se subsanen los problemas, que no son solo los muertos. Crear en Colombia un sindicato es muy difícil. Ustedes insisten en el tema de la deuda externa. ¿Qué proponen? Les hemos propuesto al Gobierno y los empresarios un acuerdo nacional sobre el tema. No estamos planteando no pago, ni exoneración y reprogramación, sino un período de gracia de dos años y que esos miles de billones que anualmente van al servicio de deuda se dediquen a la reactivación el aparato productivo. Esa salida no tiene antecedentes el mundo. ¿La aceptará el Fondo Monetario? Ya nos reunimos con el presidente del Fondo y logramos hacer una buena discusión a tal punto que vamos a sustentar ahora en Washington nuestra formulación. ¿Qué propuesta tiene para el desempleo? Tenemos 3 millones y medio de colombianos en la calle y 7 millones subempleados. No esperemos a que la economía crezca alrededor 4 o 5 por ciento para generar empleo. Sin este crecimiento es posible crear empleo asistencial inmediato: embellecimiento de parques, atención social, etc. Lo importante es dar ocupación para no tener una bomba social. ¿Realmente los trabajadores están en capacidad de asumir el manejo de las empresas? Sintraelecol ha asumido contratos sindicales con mucha responsabilidad. A Croydon, los trabajadores la pusieron a funcionar de nuevo. Está también el caso de Paz del Río. Eso nos permite mostrar que no tenemos mente subalterna. Queremos ser gobierno, no solo motivar las consignas, sino prepararnos para asumir la vida rectora del país, del municipio o del departamento. Eso es sindicalismo político, en el sentido exacto del término. Usted defiende el Estado Social de Derecho y el presidente Uribe de Estado comunitario. ¿Eso es compatible? Son totalmente distintos. El Social de Derecho cumple una función social con la comunidad y revierte los impuestos en inversión y en servicios públicos, fundamentalmente. El comunitario delega la comunidad y el sector privado algunas de las actividades que le corresponde al Estado dinamizar. Después del Referendo, vamos a iniciar una campaña civilista y democrática en defensa del Estado Social de Derecho. ¿Pero puede haber conciliación? Si el Gobierno posibilite la concertación, sí. Nuestra meta es buscar soluciones. ¿Ese nuevo sindicalismo que usted busca representar, a diferencia del anterior, sí rechaza de frente la violencia guerrillera? Somos enemigos de la violencia venga lo que venga. Combatimos el secuestro, la extorsión. Ese es nuestro sindicalismo abierto, tranquilo, con argumentos. Pero estamos por la solución política negociada al conflicto. ¿De qué tamaño es la revolución que quiere plantear en el sindicalismo? Necesitamos un salto cualitativo. Si no, desaparecemos, porque el modelo económico viene arrasando: flexibiliza y desregularizando todo tipo de relación laboral. Ya no se quiere una relación entre los empleadores y el sindicato, sino los empleadores y la persona. Eso nos acaba totalmente. Por eso, queremos ser interlocutores válidos para el conjunto de los trabajadores colombianos, no solamente para los afiliados. También queremos ser interlocutores frente a la sociedad. El sindicalismo que tiene masas no es el que tiene muchos afiliados sino el que, con sus opiniones y propuestas, pone a muchas personas en torno de ellos. ¿O sea que no temen coincidir con el Gobierno y los empresarios? Si vemos que los empresarios nos acompañan en la defensa de la industria, estamos con los empresarios. O si con el Gobierno vamos a coincidir en la lucha contra la corrupción, salimos sin ningún problema a hacer una campaña contra la corrupción y por la transparencia. No le tenemos miedo a las coincidencias y no queremos es polarizar la Nación. Hay sindicalistas que dicen que esa política de concertación puede terminar en aceptar todo lo que dice el Gobierno... Si no tenemos fuerza, indudablemente nos van a imponer todo. Pero si tenemos fuerza en la argumentación y la movilización, tenemos posibilidades de hacer buena negociación, no solamente para los intereses mi sino para los intereses nacionales. Eso es lo fundamental. Uno no saca nada con tener una buena confrontación, si no tiene resultados tangibles para presentarles a los trabajadores y la sociedad. Este Gobierno ha hecho reformas profundas que afectan a los trabajadores y el sindicalismo no tuvo capacidad de reacción. ¿Por qué? Todas las reformas han tenido una propuesta sindical y una respuesta de masas. Lo que ocurre es que esa respuesta no ha sido lo contundente. No pudimos derrotarlas. Tampoco podemos ocultar nuestras debilidades diciendo que pudimos hacer más. Realmente, el Gobierno hizo las reformas como quiso... Porque no eran reformas del Gobierno, sino impuestas por el Fondo Monetario Internacional. Cuando las reformas no son nacionales sino que son impuestas, por supuesto que el movimiento sindical tiene dificultades. El sindicalismo era como el 15 por ciento económica activa, ahora están en el 5 por ciento. ¿Por qué? La afiliación corresponde al número de trabajadores regulados que existe en el país. En las empresas hay más trabajadores desregulados que a término indefinido. Y de estos no todos entran en sindicatos. Estamos buscando la afiliación del sector informal y del independiente. Por eso, la actividad nuestra no puede ser únicamente la defensa de la contratación colectiva entendida como las empresas sino fundamentalmente en los acuerdos marco sectoriales. ¿Ese salto se puede dar? El problema nuestro es que internamente tenemos dificultades de interpretación de los momentos y las realidades. Sin embargo, estamos haciendo ese ejercicio. La idea es pasar de 746 a 18 grandes sindicatos. ¿Son posibles esos sindicatos macro? Tenemos el caso de Sintraelecol: había 32 sindicatos y ahora hay uno solo; había 32 negociación y ahora es una sola. En el sector bananero, Sitrainagro negocia para todas las fincas y es una sola negociación. Hay un sindicalismo que propugna por la consciencia de clase. ¿Está usted ahí? Creemos que tenemos que fortalecer la consciencia social, que involucra una consciencia de clase, pero tiene un sentido más abierto. La consciencia de clase sectariza y plantea la constitución de un solo partido. Y donde hay un solo partido, no hay vida. ¿Qué piensa de Uribe? Es un hombre honesto. Logró el poder por el rechazo de la violencia de todos los colombianos y tiene un ritmo de trabajo que hay que aplaudir. Mi preocupación es que se está distanciando de la inversión social, dándole mayor prioridad a lo fiscal, y Argentina colapsó por eso. ¿El país está para paros cívicos como el que ustedes plantearon para estos días? Está para paros cívicos y protestas en desarrollo de la Constitución, de manera civilizada y democrática. Las huelgas no son sinónimo de parálisis sino de presión para la negociación. ¿Todo en el Referendo es tan malo? El referendo inicialmente se concilió contra la corrupción de la politiquería. Si esa hubiera sido la esencia, lo apoyaríamos. Pero si uno observa el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, encuentra que el Referendo no apunta a la corrupción, sino a cumplir a cabalidad con las condiciones fiscales de esa entidad.

Article File / Ficha del Artículo
 Title: /  Título: No queremos polarizar al país
 Language: /  Idioma: Spanish / Español
 Author: /  Autor: Juan Carlos BERMÚDEZ
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Periodista colombiano.
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 Tipo de texto:
Opinion article / Artículo de opinión
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 Classic text /  Texto clásico
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1501
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Este artículo es anterior a enero de 2006, cuando se reconstruyó el servicio actual.
 
      
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