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By / Por: Sonia Luz CARRILLO Mauriz
La fascinación: objetivo del Gran Hermano
A propósito de la invasión estadounidense a Irak
La guerra empezó cuando se escribía el guión para los medios de comunicación (afinadísimos instrumentos del Ministerio del Amor en el mundo orwelliano) y se diseñaba el decorado así como el conjunto de expresiones que iban a hacer de la puesta en escena, mezcla de westerm y comedia musical, un espectáculo inolvidable y lleno de glamour.

"No basta que me obedezcas. Debes amarme" es la frase que George Orwell pone en boca del Gran Hermano, abominable personificación de cualquier totalitarismo, en 1984. En esta novela publicada en 1949 el autor inglés presenta un mundo de ficción en el que cuatro ministerios se reparten el poder: El de la Paz, encargado de promover la guerra; el del Amor que dirige la temida policía del Pensamiento; el de la Abundancia, que se ocupa de asegurar la escasez de los productos, y el de la Verdad que tiene a su cargo la propaganda del poder. "No basta que me obedezcas. Debes amarme", designio orientado a las mentes de quienes hemos sufrido en estas sombrías horas del año 2003 el incesante y despiadado bombardeo de la información internacional concebida por los estrategas del Gran Hermano, trasmitida por los estrategas de AOL y sus sumisas y fascinadas repetidoras locales. Fascinación y vehemente adhesión era el objetivo. La invasión a Irak por parte de los Estados Unidos en olímpico desaire a las Naciones Unidas debía merecer aplausos y por eso no comenzó con los desplazamientos de tropas ni con el lanzamiento de los primeros proyectiles. La guerra empezó cuando se escribía el guión para los medios de comunicación (afinadísimos instrumentos del Ministerio del Amor en el mundo orwelliano) y se diseñaba el decorado así como el conjunto de expresiones que iban a hacer de la puesta en escena, mezcla de westerm y comedia musical, un espectáculo inolvidable y lleno de glamour. En esta brillante exhibición de los prodigios de la ciencia y la técnica cuando ellos se aplican a matar, la muerte, incómodo personaje se presentaría con el halo aséptico de una "operación quirúrgica"; los instrumentos del crimen serían admirables "misiles inteligentes" y los impertinentes cadáveres de civiles (niños, mujeres y hombres inermes) no serían otra cosa insignificante que "daños colaterales". Las edificaciones, patrimonio cultural de la humanidad destruidas – causándonos a todos un daño irreparable- solo serían "blancos específicos" a los que ahora apuntan las empresas constructoras estadounidenses que colaborarán desinteresada y altruistamente en las "tareas de la reconstrucción". Los patriotas combatientes de la "libertad", la "democracia" y el "respeto" de los derechos humanos, muchos de ellos inmigrantes deseosos de su ansiada residencia y de un sustantivo pago en dólares, llegaron al teatro de las operaciones convencidos de una corta aunque briosa participación en escena. Sin embargo, empezaron a morir y a ver morir a sus compañeros. ¿Se habrán enterado que fuera del escenario el director y sus socios en la superproducción explicaron que habían muerto por "fuego amigo"? Es decir, que se equivocaron, malos danzarines perdieron el paso marcado por impecables coreógrafos. Al público se le había ofrecido una función con "muerte cero" en esta "intervención aliada" pero la sangre salpicó toda la aldea global. Y ante el espectáculo tan bien montado pero que iba sufriendo algunos "lamentables imprevistos", el público desconsiderado pifió con todas sus fuerzas y reclamó con gritos en los más diversos idiomas. Mientras Babel era bombardeada, las calles de muchas ciudades del mundo parecían anunciar Pentecostés. El director, los productores y los actores fueron intensamente abucheados por una galería incapaz de apreciar el talento y el despliegue de efectos especiales. La sociedad global, la misma de "la era del optimismo" reaccionó contra la "verdad" (encargada de la propaganda en el mundo de Orwell) y obedeciendo al instinto de vida, pasó frenéticamente de uno a otro canal internacional contrastando visiones y muchos de sus miembros se conectaron a Internet, ya fuera en sus casa o en cabinas públicas, buscando los indicios de Verdad. Miles redescubrieron las calles y las plazas como lugares para expresar su ira, su dolor e impotencia. Algunos, sólo algunos, atacaron con violencia injustificada los signos más preclaros de la "democracia", restaurantes de comida chatarra y dulcísima bebida, incluidos. Las omnipresentes cámaras estuvieron ahí para probarlo. Ellas no mienten. Sus imágenes valen lo que no valen miles de palabras. ¿Quién puede confiar en la palabra en esta sociedad de la imagen autosuficiente y fascinadora? ¿Quién repite hoy con el discípulo amado que en el principio era el Verbo? Al final del espectáculo la estatua de la libertad queda como decorado de fondo a un congestionado pero sonriente director de escena. Fascinación era el designio del Gran Hermano y sus pálidos cómplices. Para fascinar se hizo -y se hace- la inversión publicitaria tal vez más alta en la historia de las comunicaciones. Fascinación también buscaban los vendedores de armas que propagan sus bacterias homicidas entre los pobres pueblos a la vez que (al igual que el Ministerio de la Abundancia, en el mundo orwelliano) se encargan prolijamente de asegurar la escasez que permitirá la sumisión y las temblorosas declaraciones de los gobiernos débiles. "No basta que me obedezcas. Debes amarme", seguirá repitiendo el Gran Hermano pero el público global, al parecer, está desarrollando sus defensas. En su cerebro y su corazón no todo está perdido. Podrán vencer pero no han convencido. La vida luce aun más fascinante que la guerra y la muerte. Y como clamaba Ernesto Sábato ante unos niños, el 20 de marzo, habrá que "mantener en el alma la llama de este dolor de humanidad, y ser fieles". Porque "si esta determinación permanece, será inquebrantable." Y, como sigue diciendo el maestro argentino "Podrán hacer la guerra, pero han de saber que son asesinos, que así los llamarán los chicos de todo el mundo". Concluido el primer acto de la puesta en escena, no hay aplausos y lo que viene luego es difícil de avizorar. Una inmensa interrogante, cargada de ira, amenazas pero también de esperanzas, se cierne sobre el acongojado planeta.

Article File / Ficha del Artículo
 Title: /  Título: La fascinación: objetivo del Gran Hermano
 Language: /  Idioma: Spanish / Español
 Author: /  Autor: Sonia Luz CARRILLO Mauriz
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 Crédito del autor:
Poeta y periodista peruana.
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 Tipo de texto:
Opinion article / Artículo de opinión
 Category: /  Categoría:
 Classic text /  Texto clásico
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962
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Este artículo es anterior a enero de 2006, cuando se reconstruyó el servicio actual.
 
      
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