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By / Por: Carlos FLORIA
Estilo presidencial
El liderazgo del presidente Kirchner se va dibujando con trazos de su trayectoria, de su campaña electoral y de sus decisiones actuales.

El liderazgo del presidente Kirchner se va dibujando con trazos de su trayectoria, de su campaña electoral y de sus decisiones actuales. Pero necesita de una vigilancia crítica, si, en verdad, se cumple con la tarea del intelectual y uno de los derechos elementales de ciudadanía. Nadie es tan conciente como el historiador de la infinita diversidad de las personalidades humanas. Cada caso es complejo y ambiguo. Habrá siempre elementos inexplicables e imprevisibles, especialmente si se trata del hombre político con responsabilidades importantes. Pero hay, tambien, un estilo,un temperamento, que la sutileza del análisis político puede sospechar, pero habrá de comprobar a través de los hechos, de los comportamientos, de lo que el gran Maquiavelo llamaba la veritá effectuale de las cosas más bien que la imaginación de las mismas. En pocos días el Presidente adoptó decisiones y tuvo comportamientos significativos: el cambio de un amplio número de jefes militares; el desplazamiento rápido para expedir conflictos provinciales; la apelación en mensaje breve y drámático en pos de la intervención parlamentaria para provocar cambios en la Corte Suprema. En el tema militar una designación inusitada conmovió, en parte porque sacudió un ámbito problemático y pudo transformar el "problema en cuestión", en parte porque las motivaciones del cambio no parecen responder a una necesaria política militar sino a una demostración de autoridad sin esperar que ésta se haya reconstruído sino, en la intención del Presidente, para construirla. En el conflicto con la Corte Suprema, la apelación del Presidente estuvo en el límite del "área penal". En primer lugar porque se detuvo antes de proponer un plebiscito cuestionable que en todo caso puede no ser necesario si los poderes constitucionales funcionan. En segundo término porque no es "la Corte" la que está en cuestión sino algunos de sus miembros, lo que requiere cautela para no poner en el mismo nivel de cuestionamiento un juez con larga y probada trayectoria académica con personajes procedentes de amiguismos políticos. Creo que tanto el gobierno como miembros del Congreso venian usando senderos sinuosos por argumentos forzados, cuando la norma que debería encuadrar un juzgamiento es el art. 110 de la Constitución Nacional. La constitucionalista María A. Gelli expone con claridad ese encuadramiento en su "Constitución de la Nación Argentina comentada y concordada" ( La Ley, 2001,pp.668 y sigts). ¿ Hubo o no mala conducta, mal desempeño en funciones que deben ser ejemplares porque no hay república sin jueces probos desde su origen y en su ejercicio y no hay libertad del ciudadano sin una justicia con calidad institucional, argumento reiterado por el Presidente en un mensaje que en rigor evoca un plebiscito implícito y por el ministro de Justicia en apertura interesante hacia especialistas preocupados no sólo por remociones deseables, sino por los criterios y procedimientos para designaciones calificadas. Examinar el estilo presidencial es un abordaje útil del análisis político. No explicaría todo, pero indicaría en qué medida la personalidad del hombre de estado explica las actitudes frente al régimen político y la sociedad. ¿Doctri-nario u oportunista, en cuanto éste busca una sucesión continuada de éxitos cualesquiera que sean éstos y no desde la ética de la opción mejor ? ¿Luchador o conciliador, lo cual no significa necesariamente inclinación a ceder?. ¿Idealista o cínico’ ¿ Rígido o imaginativo, en cuanto no hay nueva circunstancia que lo desconcierte?.¿Autoridad de crisis, en fin, o de rutina, que puede serlo de manera funcional para el sistema democrático si es autoridad efectiva? André Malraux era un intelectual interesante y un hombre lejos de lo ordinario. Lo traté siendo ministro de De Gaulle. De Gaulle no era precisamente una exhibición de humildad. En esos días el chiste que circulaba en Paris mostraba al general frente a un crucifico diciendo: "Sagrado Corazón de Jesús, ten confianza en mí..." Pero la soberbia es en algunos una forma impura de un fondo sustantivo. Esos seres son raros, pero cuando uno los encuentra los reconoce, y la forma impura es simplemente eso. Años despues entendí mejor la impresión que registra Kissinger en sus memorias respecto de Charles de Gaulle cuando lo conoció en una reunión social: "Se tenía la sensación de que De Gaulle se acercaba a una ventana, el centro de gravedad podía desplazarse y la habitación se inclinaría arrojando a todos al jardín..." André Malraux era uno de esos seres raros. ¿Cómo se gobernaba con De Gaulle? "Déjeme que lo diga así: gobernamos por la mañana y pensamos por la tarde. Y en ambos casos lo hacemos con toda el alma". Distinguía entre la tarea, que no atrapa el fondo del espíritu, del trabajo verdadero, al cual uno se da entero. ¿ Y la suerte del gaullismo? "El gaullismo no es la preocupación principal. La preocupación principal es la calidad del régimen político, es la Va.República. El es un outsider, trabaja como los fundadores: los que lo sigan, sean fieles u opositores, trabajarán contando con el régimen político y no en el desierto, sin puntos de referencia y sin ley". Y así fue, como lo comprobaría su rival Mitterand. Un día el general fue derrotado en un insólito referendum y se fue a su casa, sin drama ni psicodrama. Sin melancolía del poder. Fue su ultimo y mejor servicio para Francia. Estas evocaciones encierran grandes lecciones políticas, y ésa es la intención del relato. Si la situación nacional y el estilo del liderazgo convocan a una suerte de "autoridad de crisis", esa autoridad para una democracia constitucional reconoce la naturaleza, las condiciones y los límites de la delegación de poder recibida. La autoridad de crisis debe evitar pese a sus características las técnicas de evasión de los "salvadores". Depende tambien de los demás protagonistas, quienes deben impedir que la anemia del sistema estimule las tendencias hacia los salvatajes y las fugas hacia delante que las épocas críticas suelen tentar. Y los "entornos" que siempre existen, deben cuidarse de atrapar al hombre de estado con la psicología del autoengaño, inclinación frecuente de los entornos, proclives a expulsar del grupo al pensamiento crítico. Las cuestiones –los issues-del proceso político presente son pocas, los problemas son muchos. Entre aquellas cuestiones está la necesidad de consolidar una legalidad constitucional hasta ahora gravemente lastimada por la manipulación y la "desconstitución", padecida durante años. La democracia es un hecho cultural no un fenómeno de la naturaleza. Como solia decir Norberto Bobbio, hay que aceptar los valores "fríos" de la legalidad para llegar luego –con oficio, constancia y suerte-a la legitimidad del régimen político sin caer en "legitimidades calientes" peligrosas para la libertad y justicia del hombre concreto. Pero el concepto de legitimidad conviene al régimen político. Al rol presidencial concierne la autoridad. Y ser "auctor" es ser factor de certidumbre para el grupo, pequeño o grande. Así como debemos cultivar la legitimidad debe reconstruirse la autoridad constitucional. El argumento remanido que evoca una "legitimidad débil" del actual Presidente no tiene sentido en buen análisis político. Aunque hubiera logrado el 80 % de votos en el ballotage frustrado por irresponsabilidad adversaria, no tendría por eso mayor autoridad efectiva en medio de una legitimidad precaria. Todo eso hay que hacerlo en la Argentina presente, porque en la dimensión política de la vida hay que pasar la prueba del tiempo. (¿Qué piensa usted de la Revolución Francesa? Que es demasiado pronto para evaluarla...", respondió un relevante líder chino a su interlocutor francés) Está abierta la cuestión federal, en medio de la reconstrucción del Estado nacional, porque la globalización no exime de un buen Estado –no de un "estado mínimo o máximo", sino justo-ni de la conciliación fundamental del Estado con el mercado y la justicia. Estamos, en fin, llamados a consolidar un régimen democrático decente, para decirlo sin jerga técnica, sin el cual no podemos concebir ni realizar una política exterior que reivindique la identidad nacional para ingresar dignamente en el desorden internacional en trámite de cambios cuando el "estado de naturaleza" hobbesiano asedia. No se hace ecumenismo, diríase en la dimensión religiosa, sin partir de una identidad, porque de otra forma derivaría en sincretismo... Según Jean Guitton el rey de los belgas dijo a sus súbditos en plena primera gran guerra: " Estamos constreñidos al heroísmo..." Bien podríamos convenir en que, en la Argentina presente, estamos constreñidos a la honestidad, y a la modernidad austera.

Article File / Ficha del Artículo
 Title: /  Título: Estilo presidencial
 Language: /  Idioma: Spanish / Español
 Author: /  Autor: Carlos FLORIA
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 Crédito del autor:
Analista político e historiador argentino.
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 Tipo de texto:
Opinion article / Artículo de opinión
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 Classic text /  Texto clásico
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1380
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Este artículo es anterior a enero de 2006, cuando se reconstruyó el servicio actual.
 
      
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