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| CaÃda de la democracia venezolana | | Primera parte |
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| Que la democracia no tiene buena salud en América Latina no es un secreto para nadie. Que la "democracia venezolana" cayera tan fácil y tan rápido si fue una sorpresa para muchos; aunque para quienes vivimos, disfrutamos y sufrimos la democracia al estilo venezolano no fue sorpresivo, ni rápido. | |
Que la democracia no tiene buena salud en América Latina no es un secreto para nadie. Que la Democracia Venezolana cayera tan fácil y tan rápido si fue una sorpresa para muchos; aunque para quienes vivimos, disfrutamos y sufrimos la democracia al estilo venezolano no fue sorpresivo, ni rápido.
TenÃa yo 18 años y nunca habÃa votado, cuando leà un informe que nunca olvidé. Se trataba de las memorias de un foro o seminario sobre el desarrollo democrático de Venezuela, patrocinado por una empresa petrolera concesionaria (cuyo nombre no recuerdo) y que entre otros aspectos mencionaba la elección directa de gobernadores, la separación de las fechas de la elección presidencial de la parlamentaria y la votación uninominal. Esas propuestas fueron rechazadas o torpedeadas por los dos partidos que dominaron la polÃtica nacional por más de cuarenta años y solo se adoptaron cuando ya la abstención superaba al número de votantes que se tomaban el trabajo de ir a votar, habÃan ocurrido los saqueos generalizados del 1989 y dos intentos fallidos de golpe habÃan trastocado la gobernabilidad del paÃs, en grado tal que la misma no se ha vuelto a recuperar desde 1992 hasta hoy.
La Democracia Venezolana mostró sÃntomas y signos de agotamiento por un largo perÃodo. Los lÃderes históricos se mantuvieron en la palestra demasiado tiempo. El ejemplo más dramático es el caso de un hombre decente que tuvo el privilegio histórico de firmar el acta de nacimiento de la democracia venezolana (Pacto de Punto Fijo) y cuatro décadas después fue el presidente saliente que entregó el poder al militar golpista que se ha encargado de darle el puntillazo final al sistema de libertades moribundo y disfuncional que los lÃderes histórico le dejaron al paÃs como herencia lamentable. Obra aparte, que la hubo, de ese perÃodo solo va quedando el recuerdo de cuatro décadas de una pobre gerencia polÃtica, económica y social, digna casi de amateurs.
Los viejos lÃderes no solo hicieron daño al paÃs, sino a sus propios partidos. Los sucesores potenciales, algunos de ellos brillantes delfines, fueron execrados y vieron frustradas sus carreras polÃticas por el caudillismo de los “históricos”, quienes se escudaban hábilmente en la denominada disciplina partidista. El fenómeno del liderazgo estalinista resultó común tanto a la izquierda, como a la derecha criolla. Un verdadero mal de familia. Por eso vemos que el gobierno actual, que se dice “revolucionario”, mantiene figuras antediluvianas en la Vicepresidencia de la República y a la cabeza del denominado Comando Táctico de la Revolución.
La partidización de la sociedad y de las instituciones se llevó a extremos tales durante le perÃodo democrático, que los dirigentes de un partido decÃan con orgullo “aquà no se elige ni una reina de carnaval de barrio, sin los votos de nuestro partido”. Y eso era verdad. El control polÃtico partidista era tan marcado, que se implantaron mecanismos de exclusión de ciertos grupos sociales que lindaban en el “apartheid”, llevando a Venezuela a competir con Sudáfrica y Brasil en la liga de los paÃses más desiguales.
El sistema judicial fue convertido en un mercado, plagado por mafias llamadas “tribus” que vendÃan justicia o mejor injusticia al mejor postor. El irrespeto a los mecanismos electorales se institucionalizó, al punto que la máxima “acta mata voto” se hizo popular y desde la elite polÃtica nadie ofreció reforma alguna para evitar esa aberración destructora de la legitimidad de cualquier gobierno.
El poco respeto por los mecanismos democráticos se hizo evidente cuando la campaña proselitista del actual gobernante militar comenzó a reflejarse en los resultados de las encuestas, millones de electores, miles de activistas y decenas de lÃderes connotados de la sociedad y de los partidos democráticos tradicionales saltaron la talanquera, aguijoneados por el deseo de mantener ingreso y privilegios, sin pensar por un momento en el pasado golpista y conspirador del candidato, ni en sus propuestas manifiestamente decimonónicas y autoritarias.
Los polÃticos cultivaban el estatismo y las amistades con los “empresarios” amigos; mientras que estos últimos se ocupaban más de tener “buenos contactos” polÃticos que de aplicar las técnicas más eficientes a la producción; de conseguir una licencia de libre importación, antes que dedicarse a desarrollar la producción de bienes exportables. De común acuerdo, cerraron el mercado, cruzaron el mapa económico con subsidios de todas clases y se especializaron en evadir impuestos, más que en generar riqueza.
Al mismo tiempo y contrario a las tendencias económicas actuales y al sentido común, los polÃticos de la democracia venezolana se empeñaron en hacer al Estado (con mayúscula) participe de cuanta actividad económica les daba la gana de llamar estratégica, prioritaria, de importancia nacional o lo que sea, descuidando las áreas naturales de acción del estado (con minúscula) como son la salud, la educación, la seguridad personal, las infraestructuras y los servicios sociales.
Desde el registro de los nacimientos hasta las cárceles, pasando por el servicio climatológico, fueron abandonados a su suerte; mientras ellos se dedicaban a organizan lÃneas áreas perdidosas que usaban gratis sus amigos y copartidarios; construÃan inmensas plantas industriales con tecnologÃa obsoleta que nunca era actualizada y consumÃan suntuariamente al mejor estilo de las elites del primer mundo, sin dudar en endeudar al paÃs cuando el ingreso petrolero no alcanzó para financiar tanta extravagancia.
Todo esto aderezado con niveles estratosféricos de corrupción. Corrupción que fue tolerada, primero con excusas (es un ladrón, pero es nuestro ladrón) y luego por necesidad. Se desarrolló una verdadera sociedad de cómplices, como la llamó en su momento un célebre, ahora fallecido, polÃtico y escritor.
Como consecuencia de todas estas perversiones “democráticas”, llegó un momento en que la mitad de la población vivÃa en la pobreza y en viviendas insalubres (shanty towns, favelas, bidonvilles) que en Venezuela llaman ranchos, rodeados de niveles obscenos de opulencia, pocas veces justificada por el esfuerzo o el trabajo honesto.
La pobreza y la corrupción fueron las grandes excusas usadas por los golpistas del 92, enemigos declarados de la democracia representativa occidental, para volarse a la torera todas las normas y formalidades democráticas, quienes debutaron polÃticamente con una derrota, pero al final lograron conquistar el poder para dedicarse durante los últimos cuatro años a desmontar la estructura democrática remanente, sin mejorar ninguna de las taras descritas. Lo más triste es que el antidemocrático y fascistoide gobierno actual comete las mismas faltas, pero multiplicadas por diez. Su accionar será el tema de la próxima sección.
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Article File / Ficha del Artículo
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Title: /
Título:
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CaÃda de la democracia venezolana |
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Language: /
Idioma:
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Spanish / Español |
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Author: /
Autor:
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Plinio CABRERA |
Author email address:
Correo electrónico del autor:
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Author credit:
Crédito del autor:
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Autor venezolano.
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Type of text:
Tipo de texto:
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Opinion article / ArtÃculo de opinión |
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Category: /
Categoría:
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Classic text /
Texto clásico
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Núm. de palabras:
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1046 |
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This archived article is older than January 2006 when the current service was rebuilt.
Este artículo es anterior a enero de 2006, cuando se reconstruyó el servicio actual.
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