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By / Por:
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Armando P. RIBAS |
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| De la anarkÃa a la diktadura |
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| a economÃa no es una ciencia aparte de la ética y de la polÃtica; el haber aceptado esa falacia ha sido a mi juicio un error fundamental del liberalismo en la Argentina. | |
DÃcese que el gobierno ha politizado la elección en la Capital Federal, cuando tan sólo se trata de una elección municipal. Esto es cierto, pero más cierto aún es que el gobierno ha politizado toda la vida nacional a través del llamado a la lucha de clases. Más allá de que háyase usado o no esa nomenclatura, es evidente que el llamado al enfrentamiento entre los ricos y los pobres no es otra cosa que el planteo de la lucha de clases. Demás está decir que la politización de la vida nacional no es otra cosa que el maniqueÃsmo polÃtico que engendra el totalitarismo.
El hecho de que creamos que no se debe politizar la elección de la Capital, no significa que podamos evitarlo, pues es sabido que se necesitan dos para bailar el tango, pero sólo uno para la guerra. Por tanto, una vez que ha sido politizada dicha elección, no queda más remedio que aquellos que no compartimos el proyecto decididamente hegemónico del gobierno, que participemos de la misma. Es decir, hay que luchar por todos los espacios del poder que limiten el accionar hegemónico del Ejecutivo.
Es indudable, asimismo, que hace rato que la Constitución Nacional y los derechos que ella garantiza son un papel mojado en la vida cotidiana. El pueblo, ese pueblo que tanto aman los polÃticos, se encuentra sometido por una parte a la arbitrariedad de los gobiernos y sus burocracias y por la otra a los desmanes de nuevos S.A. de la Argentina que responden al nombre de piqueteros. La anarquÃa callejera que permite violar el artÃculo 22 de la Constitución se complementa con la acción del gobierno que viola el artÃculo 29.
A los efectos de aclarar estos conceptos, me voy a permitir citar los dos artÃculos mencionados:
"Art. 22: El pueblo no delibera ni gobierna sino por medio de sus representantes y autoridades creadas por esta Constitución. Toda fuerza armada o reunión de personas que se atribuya los derechos del pueblo y peticione a nombre de éste comete delito de sedición."
"Art. 29: El Congreso no puede conceder al Ejecutivo nacional ni los Legisladores provinciales a los gobernadores de provincia, facultades extraordinarias, ni la suma del poder público, ni otorgarle sumisiones o supremacÃas por las que la vida, el honor o las fortunas de los argentinos queden a merced de gobiernos o persona alguna. Actos de esta naturaleza llevan consigo una nulidad insanable y sujetarán a los que lo formulen, consientan o firmen, a la responsabilidad y pena de los infames traidores a la patria."
Desde su advenimiento, este gobierno democrático hizo escarnio de la ciudadanÃa con la invitación a Fidel Castro, paladÃn de la dictadura más sangrienta que haya padecido América Latina, y facilitarle hablar en la Facultad de Derecho. Al amparo de esta magna figura, la señora Hebe de Bonafini, igualmente señera de la lucha por los derechos humanos (de los guerrilleros, no de los ciudadanos), llamó públicamente a la revolución armada sin que a las autoridades se les moviera un pelo, y las demandas judiciales al respecto fueron rechazadas. Más recientemente, el señor DÂ’ElÃa ha hecho igualmente público su llamado a la guerra civil e igualmente el artÃculo 22 de la Constitución brilla por su ausencia. Y en el mismo sentido, por aquello de que a "Dios rogando y con el mazo dando" los piqueteros interrumpen el paso por doquier y destruyeron la Plaza de Mayo, mientras el gobierno les paga a costa de los impuestos que pagan los ciudadanos por su labor "social".
Por su parte, el gobierno desde su llegada ha violado los más elementales principios jurÃdicos, en su lucha contra las Fuerzas Armadas y contra la Corte Suprema de Justicia. Asà se intenta la revisión de cosa juzgada y aún el desconocimiento de la soberanÃa nacional al aceptar la extradición de los militares a solicitud de un juez español, que olvida hacer lo propio en su paÃs. Afortunadamente, la fiscalÃa española más sabia o más consciente de lo jurÃdico frente a lo polÃtico ha rechazado tal demanda. Por su parte, el Congreso, en otro aporte al Foro nacional, ha "anulado" las leyes de punto final y obediencia debida, desconociendo una vez más la competencia de los distintos poderes de la Nación y usurpando el que le compete a la Corte Suprema. Demás está decir que sà serÃa competencia de la Corte Suprema declarar la inconstitucionalidad de la ley de acefalÃa que en su artÃculo 4º dice paladinamente que la Constitución no se aplica.
En su lucha contra la Corte Suprema, el gobierno olvida su propia naturaleza jurÃdica que surge de la evidente inconstitucionalidad de la ley de acefalÃa y asà como del Código Electoral en lo referente al ballotage. Mientras el circo impera en la Casa Rosada, supuestamente en búsqueda de una legitimidad del poder no alcanzado durante el proceso electoral, el pan permanece esquivo al resto de la ciudadanÃa que no participa de la polÃtica del "piqueterismo social".
Mientras la situación económica languidece bajo el peso de la inseguridad jurÃdica existente y la evidente ausencia de un programa coherente, se acerca la fecha del 9 de Septiembre próximo en que vence el plazo para el pago al FMI. Comparto el pensamiento del Ministro Lavagna, aparente manzana de la discordia dentro del gobierno nacional, de que el pago de la deuda debe condicionarse al crecimiento económico. Casi podrÃa decir que intentar pagar la deuda a costa del crecimiento es un sueño imposible. Pero el crecimiento no sólo depende de que se llegue a un arreglo propicio con los acreedores, sino de que se abandone el circo y el enfrentamiento creado por el gobierno en todos los órdenes.
Asà se debe arreglar el problema creado a los bancos, fundamentalmente por el absurdo jurÃdico y económico de la pesificación asimétrica, y tal como señalara Scioli, en contra del señor Di Vido, que se ajusten las tarifas públicas, y no que se enfrente e insulte a los inversores extranjeros, como hiciera el Señor Presidente en su reciente viaje por España y Francia. Debo reconocer, no obstante, que si bien la declaración de default con el beneplácito y aplauso de la mayorÃa del Congreso Nacional fue un hecho deleznable, no fue menos irresponsable el propiciar un programa económico desequilibrante que resultara en una deuda impagable. Lo que sà no es cierto, es la dicotomÃa maniquea que ha surgido en la demonización del denominado neoliberalismo. A esta patraña se ha sumado recientemente el payaso que asuela a Venezuela, que parece que hubiera aplicado el "neoliberalismo" en su paÃs, pues la economÃa venezolana anda peor que la argentina y el desastre se logró durante su gobierno.
El programa de desequilibrio que surgió con la denominación de la convertibilidad y que fuera apoyado por el FMI en sucesivas ocasiones, no es una alternativa al denominado modelo productivo. El desequilibrio producido y que fuera similar al que produjera la crisis en México, el Sudeste de Asia, Brasil, los paÃses nórdicos, etc., no fue otro que el resultado de lo que he denominado el neosocialismo. Es decir, de la incompatibilidad entre la polÃtica fiscal y la polÃtica monetaria y cambiaria. O sea "solidaridad" en el gasto y "ortodoxia" monetaria y cambiaria. La receta del desastre.
Lo que se necesita, entonces, es dejar de ideologizar la situación presente y reconocer que necesitamos un acuerdo con el FMI, un acuerdo con los bancos, un acuerdo con los acreedores y un acuerdo con las empresas proveedoras de servicios. La polÃtica social y el circo con militares, la Corte et al., si bien puede mejorar las encuestas, está muy lejos de mejorar la vida de los argentinos. Sólo la seguridad jurÃdica en todos sus aspectos podrÃa atraer nuevamente la inversión necesaria para lograr la necesitada recuperación económica. Para ello, igualmente es necesario que el acuerdo con el FMI incluya la reducción de impuestos a la vez que la eliminación de impuestos distorsivos. El gasto ha bajado en términos reales, pero si el nivel de imposición se mantiene es como si no hubiese ocurrido en su impacto sobre el sector privado. El actual nivel impositivo lo único que logra es el mantenimiento de la evasión como única alternativa viable para permanecer en el mercado.
La economÃa no es una ciencia aparte de la ética y de la polÃtica; el haber aceptado esa falacia ha sido a mi juicio un error fundamental del liberalismo en la Argentina. Por tanto, no se puede propiciar un programa económico coherente al tiempo que se permite y facilita que el gobierno ocupe todos los factores del poder. Por tanto, la elección en la Capital, ya politizada, es imprescindible ganarla, o mejor dicho que el gobierno no tenga ese baluarte polÃtico en su proyecto hegemónico. Macri es la única alternativa.
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Article File / Ficha del Artículo
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Title: /
Título:
|
De la anarkÃa a la diktadura |
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Language: /
Idioma:
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Spanish / Español |
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Author: /
Autor:
|
Armando P. RIBAS |
Author email address:
Correo electrónico del autor:
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Author credit:
Crédito del autor:
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Profesor Dr.
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Type of text:
Tipo de texto:
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Opinion article / ArtÃculo de opinión |
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Category: /
Categoría:
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Classic text /
Texto clásico
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No. of words:
Núm. de palabras:
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1442 |
Article introduced on:
Artículo introducido el:
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This archived article is older than January 2006 when the current service was rebuilt.
Este artículo es anterior a enero de 2006, cuando se reconstruyó el servicio actual.
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