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By / Por: Ricardo LÓPEZ Göttig
La otra Europa y el conflicto en Iraq
Uno de los datos significativos que surgieron de la intervención militar estadounidense y británica en Irak, es el apoyo que los países de Europa central y oriental brindan a la coalición, en sentido opuesto al de Francia y Alemania.

Uno de los datos significativos que surgieron de la intervención militar estadounidense y británica en Irak, es el apoyo que los países de Europa central y oriental brindan a la coalición, en sentido opuesto al de Francia y Alemania. La otra Europa, como la denominó el cientista político francés Jacques Rupnik, la que estuvo del otro lado de la cortina de hierro y que formó parte del Pacto de Varsovia, se manifestó en términos claros a favor de la postura del presidente George W. Bush y del primer ministro Tony Blair. El presidente francés Jacques Chirac, curiosamente devenido en apóstol de la paz y de la comprensión, expresó que los países del Centro y Este de Europa perdieron la oportunidad de mantenerse callados... ¿Por qué la otra Europa adoptó esta posición? Recordemos que estos países fueron, precisamente, víctimas de las políticas de apaciguamiento occidental ante los dos totalitarismos que asolaron al continente europeo, el nacionalsocialismo y el comunismo soviético. Al finalizar la primera contienda mundial, se derrumbaron vetustos imperios como el Austro-húngaro y el Ruso, y obtuvieron su independencia Polonia, Checoslovaquia, Yugoslavia, Finlandia, Letonia, Estonia, Lituania y Albania. El Reino Unido se desinteresó por el futuro de esa región, en tanto que Francia estableció alianzas militares con Checoslovaquia y Polonia con el objetivo de crear un cordón sanitario frente a la amenaza soviética, por un lado, y crear un eventual frente oriental en un hipotético conflicto con Alemania, por el otro. Estas alianzas, no obstante, no pasaron del estricto plano de los intereses de la defensa francesa. Y, en uno de los momentos más críticos para la paz europea, Gran Bretaña y Francia abandonaron a la República Checoslovaca a merced de la rapiña nazi y sus aliados, en el ominoso Pacto de Munich de 1938. El entonces primer ministro británico Neville Chamberlain lo celebró como un triunfo de la paz... Poco tiempo después, la maquinaria bélica alemana invadía el resto de Checoslovaquia, Polonia y avanzaba sobre el territorio francés. La política de apaciguamiento había demostrado su fracaso, por no comprender que uno de los objetivos del nacionalsocialismo era crear en el Este de Europa lo que denominaban el Lebensraum, el espacio vital para el Reich alemán. El fin de la segunda conflagración mundial no mejoró la suerte de estas naciones. Liberadas de los alemanes por los soviéticos, éstos fomentaron las revoluciones comunistas que derrocaron a las incipientes democracias de la región. Líderes democráticos como el polaco Mikolajczyk, el búlgaro Nikola Petkov, el húngaro Ferenc Nagy o los checos Edvard Benes y Jan Masaryk padecieron el destierro, el fusilamiento o el "suicidio" simulado. Este fue el resultado del reparto del continente en esferas de influencia occidental y soviética, quedando fuera de la órbita comunista Grecia y Turquía, por la presencia de tropas británicas y en virtud de la Doctrina Truman. El Occidente no intervino a favor de las manifestaciones contrarias al régimen comunista que hubo en Hungría en 1956 y en Checoslovaquia en 1968, y observó pasivamente cómo los tanques imponían el orden en la región. Se limitó, pues, a exigir el respeto a los derechos humanos con pactos internacionales como la Convención de Helsinki de 1975, a cambio de jugosos créditos para las agonizantes economías del bloque del COMECON. No es de extrañar, entonces, que la otra Europa tenga tanto entusiasmo por formar parte de la OTAN, a la que ya se han sumado Hungría, la República Checa y Polonia, puesto que la presencia de los Estados Unidos es observada como un factor de estabilidad en el viejo continente. En este sentido, la incapacidad europea para actuar ante tragedias como las de Bosnia y Kosovo parece ratificarlo. En consecuencia, como antiguas víctimas de las políticas de apaciguamiento, es comprensible que el ex presidente checo Václav Havel o el primer ministro polaco Leszek Miller (socialdemócrata, heredero del antiguo Partido Comunista) sientan la necesidad de actuar vigorosamente ante la extorsión y las triquiñuelas diplomáticas de un régimen autoritario como el de Saddam Hussein.

Article File / Ficha del Artículo
 Title: /  Título: La otra Europa y el conflicto en Iraq
 Language: /  Idioma: Spanish / Español
 Author: /  Autor: Ricardo LÓPEZ Göttig
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 Crédito del autor:
Doctor en Historia, novelista e investigador asociado de la Fundación Atlas para una Sociedad Libre.
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 Tipo de texto:
Opinion article / Artículo de opinión
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 Classic text /  Texto clásico
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659
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Este artículo es anterior a enero de 2006, cuando se reconstruyó el servicio actual.
 
      
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