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Francisco FERRARA |
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| Exclusión social y prácticas de subjetividad |
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| En los últimos años Argentina ha sufrido un acentuado proceso de empobrecimiento de millones de habitantes, lo que supone un fenómeno de vastos alcances para el conjunto de su sociedad. Estas personas pierden las posibilidades de seguir perteneciendo a la sociedad, ven caer los atributos subjetivos y se encuentran enfrentados a condiciones de sobrevivencia que fuerzan la adquisición de nuevas capacidades. | |
El acelerado desplazamiento, en los últimos años, de grandes masas de población argentina hacia la pobreza y la miseria se constituye en el punto de arranque de una indagación sobre el destino subjetivo de esas personas.
Estas notas plantean los ejes, provisorios, que organizan los interrogantes de esa investigación hoy en curso. Su provisoriedad está dada por la certeza de saber que, en toda investigación, si no hay replanteos, redefiniciones, hallazgos, se está en presencia de algo muerto, que ya se sabÃa de antemano, algo para lo cual el trabajo de campo sirve apenas de confirmación. El trabajo encarado en relación con el tema de las condiciones de subjetividad en la miseria, aspira a que sus supuestos sean profundamente conmovidos por el imperio de una realidad que, siempre, es de mayor complejidad, riqueza y dramatismo que cualquier marco referencial.Cada sociedad dispone de procedimientos y dispositivos, generales y especÃficos, para forjar la condición subjetiva de sus integrantes. Las operaciones que se realizan a lo largo de la vida constituyen las marcas propias de cada universo histórico social. Ser sujeto implica disponer de esas marcas, haber sido atravesado por las operaciones subjetivantes que en cada caso deben contar con la práctica activa de cada uno. Familia, escuela, medios de comunicación son ámbitos y dispositivos de matrizamiento subjetivo que, en los tiempos presentes, se articulan en la trama de la sociedad de consumo para provocar la emergencia del sujeto correspondiente.
En nuestros dÃas una serie de operaciones subjetivantes se establecen a partir de prácticas cotidianas que implican, por ejemplo, el uso de una computadora, el envÃo de un fax o un e-mail, el estacionamiento de un auto en un parquÃmetro, la compra con tarjetas de crédito o débito, el retiro de fondos de un cajero automático. Es impensable que los chicos de las familias que viven dentro de los marcos de contención de la sociedad de consumo no adquieran, como parte de su formación, todas estas operaciones, o algunas de ellas, y muchas otras que proporcionan no sólo capacidades operativas sino también núcleos de significación, proveedoras de sentido.
En los últimos años Argentina ha sufrido un acentuado proceso de empobrecimiento de millones de habitantes, lo que supone un fenómeno de vastos alcances para el conjunto de su sociedad. Estas personas pierden las posibilidades de seguir perteneciendo a la sociedad, ven caer los atributos subjetivos y se encuentran enfrentados a condiciones de sobrevivencia que fuerzan la adquisición de nuevas capacidades. La miseria dispone de sus modos de vivir, adecuados a una creciente degradación subjetiva. Se puede, en la miseria, vivir dependiendo de dádivas, ya sean estatales o privadas, se puede fácilmente caer en el alcoholismo, la pérdida de la cohesión familiar, las adicciones a drogas, la promiscuidad, el delito… La lista es amplia y el plano inclinado por el que se puede caer llega a niveles muchas veces impensables. La vida se desarrolla en tugurios, los terrenos son frecuentemente inundables, muchas veces lindan con basurales de los que extraen su sustento grandes y chicos, la educación que reciben sus hijos es mala, la atención sanitaria inexistente o precaria, los delincuentes se atrincheran en sus barrios. En estos espacios no tienen vigencia los dispositivos subjetivantes que marcan a los habitantes de la sociedad de consumo.
CaÃdas las marcas que la cultura dispone para instituir su subjetividad, se abre una instancia inquietante para millones de seres que es la de saber si existe otra subjetividad posible, si la miseria ofrece alguna alternativa a la pérdida de atributos ocasionados por el desplazamiento social de millones de individuos.
El filósofo contemporáneo italiano Giorgio Agamben recuerda que los griegos disponÃan de dos términos para expresar lo que nosotros entendemos con la palabra vida: uno era zoé, aplicado al simple hecho de vivir, y otro bios, utilizado para indicar la forma de vida propia de un individuo o grupo. Bios incluÃa a los ciudadanos, los poseedores de derechos y zoé englobaba a la vida natural, a los prisioneros, las mujeres, los esclavos, todos los carentes de los atributos subjetivos de la ciudadanÃa. Esta última categorÃa da lugar a lo que Agamben denomina nuda vida o sea la condición de viviente pero no la de sujeto. Este término podrÃa servir para analizar lo que ocurre en los espacios de la miseria en uno de sus aspectos: la existencia de seres miserabilizados, incapaces de levantarse de su situación de carencia, quebrada su autoestima y entregado su destino al imperio de la fatalidad.
Pero esta realidad todavÃa permite una pregunta: ¿es inevitable este destino? Juan Gelman se pregunta, en uno de sus poemas, si el sufrimiento es derrota o batalla, y esa disyuntiva parece estar hoy dramáticamente presente en las alternativas de vida de esos habitantes de la pobreza. O el sufrimiento se transforma en derrota, en pérdida de los atributos subjetivos que la sociedad contemporánea ofrece a quienes continúan dentro de su marco de contención, generando nuda vida, o es capaz de tornarse en batalla, en lucha por la conquista de una nueva subjetividad, nutrida de prácticas hasta ahora desconocidas y, por lo tanto, plenas de novedad y desafÃo.
La investigación en curso en barrios marginales del sur del conurbano bonaerense, con organizaciones piqueteras, permite advertir que, como sus mismos protagonistas dicen, lo más importante de su actividad no transcurre en los piquetes, en los cortes de rutas, sino más allá de esos hechos, en la profundidad de las experiencias que llevan a cabo en sus barrios. Un puñado de iniciativas pespuntean un trazado novedoso.
La más importante es la del establecimiento de una estricta horizontalidad entre los miembros del movimiento, prescindiendo de las dirigencias, haciendo de la asamblea el órgano de resolución y conducción. Cada actividad se discute en las asambleas y sus integrantes experimentan el compromiso de saber que, sea lo que sea lo que resuelvan, ellos serán los principales afectados por el resultado alcanzado. Esto supone un grado de involucramiento infrecuente, toda vez que se está protagonizando un compromiso integral, un ejercicio de las decisiones acompañado con el cuerpo, por asà decir, diferente de la distancia que establecen entre decisiones y consecuencias los métodos delegativos, representativos. Muy pocas veces nuestra cotidianeidad nos ofrece posibilidades de compromiso semejantes.
Otra experiencia es la que brindan los emprendimientos productivos que se generan con la utilización colectiva del dinero de los subsidios a la desocupación. Aquà se realiza un gran esfuerzo por no caer en el principal efecto negativo de esos planes. Al tratarse de un beneficio universal, es inevitable que la condición asistencialista pese sobre su otorgamiento, generando parálisis y abandono en sus beneficiarios. La puesta en marcha de talleres de producción de bloques para la construcción, panaderÃas o huertas comunitarias, por ejemplo, permite la realización de un conjunto de operaciones que refuerzan la pertenencia comunitaria y promueven fuertes sentimientos de autovaloración. Los participantes de esos talleres deciden colectivamente qué hacen y adónde va el producto. En general se trata de producciones que contribuyen a solucionar problemas habitacionales con los bloques o a proporcionar alimentos frescos a los comedores del propio barrio.
Iniciativas de educación popular o talleres de reflexión forman parte de las actividades colectivas permanentes que llevan a cabo estos piqueteros, preocupados por incrementar la comprensión de sus miembros sobre la organización de la vida comunitaria, la delineación de objetivos a alcanzar o los modos de resolver los problemas que acarrean la vida y las tareas en común.
Estos rasgos, apenas algunos de una mucho más amplia baterÃa de prácticas utilizadas, son una respuesta que, aunque pequeña en su dimensión, tiene el valor de responder a la disyuntiva del poeta rechazando la derrota y tornando el sufrimiento en batalla, inaugurando las posibilidades de subjetivación en las condiciones extremas de la miseria, abriendo un sendero donde no habÃa nada, haciendo realidad una tarea imposible.Francisco Ferrara es Psicólogo, Profesor Titular de PsicologÃa Social de la Facultad de Ciencias Sociales en Universidad Nacional de Lomas de Zamora. Profesor del Curso de Operadores Socioterapéuticos de la Universidad Nacional de Quilmes. Docente en la Dirección de Capacitación Continua, SecretarÃa de Extensión Universitaria, Universidad de Buenos Aires.
Nota:
AGAMBEN, Giorgio. Homo sacer. El poder soberano y la nuda vida. Edit. Pre-Textos, Valencia, 1998. Página 9 y siguientes.
Hay que retroceder hasta la antigüedad para encontrar ejemplos de tal magnitud. La asamblea ateniense contaba con esta caracterÃstica: "Los asuntos anormales incluÃan, por encima de todo, propuestas de un cambio constitucional trascendental o decisiones de comprometerse o no en una guerra de grandes proporciones, cuestiones que afectaban inmediata y directamente a las vidas de los que ocupaban la asamblea aquel dÃa y daban los votos que lo iban a decidir" (FINLEY, Moses , El nacimiento de la polÃtica. Ed. CrÃtica, Barcelona, 1986. Pag. 102)
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Article File / Ficha del Artículo
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Title: /
Título:
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Exclusión social y prácticas de subjetividad |
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Language: /
Idioma:
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Spanish / Español |
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Author: /
Autor:
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Francisco FERRARA |
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Tipo de texto:
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Opinion article / ArtÃculo de opinión |
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Classic text /
Texto clásico
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No. of words:
Núm. de palabras:
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1437 |
Article introduced on:
Artículo introducido el:
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Este artículo es anterior a enero de 2006, cuando se reconstruyó el servicio actual.
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