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By / Por: Pietro INGRAO
Las prisiones cubanas
La condena a muerte que se decide y se ejecuta casi con la velocidad del rayo es algo verdaderamente repugnante.

Las noticias que llegan de Cuba son alarmantes y no consienten silencios. El 3 de abril, en distintos lugares de la isla, se celebraron procesos contra 78 "disidentes" o –para usar palabras más secas– opositores al régimen castrista. Si sumamos las condenas contra estos opositores se alcanzan centenares y centenares de años de cárcel. Son cifras terrificantes. Y hablar de rito sumario para estos procesos es un eufemismo algo ridículo. Y tampoco podemos engañarnos nosotros mismos: es imposible que en estos auténticos juicios relámpago se hayan garantizado los derechos de defensa más elementales, ni que haya habido esa necesaria, elemental prudencia que, sin embargo, es la sal obligatoria cuando se decide sobre la libertad o el encarcelamiento de individuos o grupos. ¿Los imputados eran opositores del régimen castrista, es más -usemos incluso la palabra fuerte- conspiraban contra el régimen? ¿Y qué más podían hacer, considerando que en Cuba están ausentes derechos esenciales de expresión, de organización, de lucha política pública y reconocida? Y esto todavía hoy, cuarenta años después de los días de la insurrección armada y de la emergencia revolucionaria. Y además, ¿dónde está escrito que a los conspiradores esposados –cuando no están en condiciones de hacer daño– no se les puedan, no se les deban conceder poderes e instrumentos elementales de defensa? La justicia –esta palabra tan alta y solemne– tiene necesidad, como del pan, del debate público y prolongado. Sin el cual el aula del tribunal se convierte en una farsa, un engaño feroz. También a inicios de abril –en una madeja alucinante– se desarrolló en Cuba otro proceso, que terminó en la condena a muerte de tres jóvenes que habían secuestrado un transbordador para alcanzar la costa de los Estados Unidos. Quien escribe ha aprendido a lo largo de su vida a odiar la pena de muerte -este terrificante poder de matar a quien está ya esposado y confinado dentro de los muros de una cárcel. Pero la condena a muerte que se decide y se ejecuta casi con la velocidad del rayo, que no consiente apelación y se niega hasta un instante de duda antes de matar al inerme, es algo verdaderamente repugnante. Y además es engañosa: se ilusiona de cancelar con la mano del verdugo los problemas políticos y humanos que no sabe resolver. Se dirá: Castro necesita de todo esto para protegerse del complot de los americanos. Yo me temo en cambio que esto a quién ayuda es a Bush: vean lo indispensable que es la superpotencia americana... Este es el amargo cuadro. No me olvido lo que de la insurrección cubana emergió como esperanza y símbolo para un Tercer Mundo sofocado por el imperialismo, y también para la difícil lucha de la izquierda anticapitalista del Occidente avanzado. Incluso si personalmente se me plantearon dudas, tantas, verdaderamente tantas –y desde el inicio– en aquella segunda mitad del siglo pasado pusimos el retrato del Che en el aparador de casa, y en las manifestaciones cantamos aquellas canciones inolvidables. Y creo entender que todavía lo que ocurra en Cuba opera como esperanza, ante todo para el continente centroamericano todavía en busca de redención, y aún más allá. Con más razón ahora, que la superpotencia americana ha proclamado ante el mundo el adviento de la era de la "guerra preventiva". Tanto más si hoy la cuestión es esta –y se ve en el terreno – no podemos hacernos la ilusión de superar semejante prueba con juicios sumarios y fusilamientos fulminantes. Siento repulsión por esas novísimas cárceles de Guantánamo, donde ni siquiera existe la protección, el retirarse en sí que da la oscuridad de la celda. ¿Pero cómo puedo contrastar las alucinaciones de Guantánamo si recurro a la pena capital contra fugitivos capturados y esposados? La batalla contra Bush y contra la doctrina de la "guerra preventiva" exige otros caminos, nuevos y distintos. Y se nutre de pacifismo, no de cárceles y esposas absurdas, y verdugos manchados de sangre. Un intelectual, gran amigo de Cuba, el Premio Nobel Saramago, declaró su desacuerdo. Es una elección que remite al coraje de la verdad, y Dios sabe cuánto se necesita frente a las pruebas abiertas en el mundo.

Article File / Ficha del Artículo
 Title: /  Título: Las prisiones cubanas
 Language: /  Idioma: Spanish / Español
 Author: /  Autor: Pietro INGRAO
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 Crédito del autor:
Dirigente histórico del Partido Comunista Italiano y ex director de L’ Unita.
 Type of text:
 Tipo de texto:
Opinion article / Artículo de opinión
 Category: /  Categoría:
 Classic text /  Texto clásico
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680
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Este artículo es anterior a enero de 2006, cuando se reconstruyó el servicio actual.
 
      
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