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By / Por: Caroll RÍOS de Rodríguez
Corrupción, transparencia y liberalismo
América Latina es percibida desde fuera -y se percibe a sí misma- como una tierra propicia a la corrupción, pero ello no se debe a ninguna tara genética de los latinoamericanos ni al clima de la región, sino a la falta de libertad y responsabilidad causadas por el exceso de Estado.

La corrupción es un tema que ocupa a los científicos sociales porque nos afecta a todos. Distorsiona las relaciones entre los miembros de cada sociedad latinoamericana. Empobrece a unos a costa de otros. Casi todos los latinoamericanos habrán sido expuestos a la corrupción en algún momento de sus vidas.

Existe una noción que suena razonable por haberse repetido muchas veces: la corrupción es inherente a la libertad política y económica. La lógica es la siguiente: los países ex-socialistas liberalizaron sus sistemas económico y político, y hoy día hay más corrupción en estos países que antes. Por lo tanto, la corrupción y el liberalismo van de la mano. Pues exactamente lo contrario es cierto. El dinero fácil es una burla de la laboriosidad necesaria para participar en un mercado libre. Una sociedad libre se edifica sobre la confianza. En el mercado, millones de personas intercambian bienes y servicios y suscriben contratos con desconocidos. José le alquila un local a Saúl porque confía en que éste le pagará la renta cada mes; si Saúl no lo hace, José puede tomar algunas medidas legales para hacer cumplir el acuerdo mutuo. La cooperación social no funcionaría sin este intercambio de actos de confianza mutua.

Cuanto más libre sea el mercado y menos regulaciones complejas existan, entonces habrá menos posibilidades para que se desarrolle la corrupción. La competencia amplía las opciones disponibles a las personas, la información fluye más rápida y confiablemente y hay menos secretismo. Hay menos funcionarios encargados de interpretar la ley e implantar las regulaciones. Cuando las reglas son simples y claras, se reducen las oportunidades de que los funcionarios soliciten un pago ilícito, o incluso favores o privilegios que sí son sancionados por ley.

En el campo político, los ciudadanos tienen una mayor oportunidad de participar y de fiscalizar el quehacer público cuando se vive en un sistema democrático y no autoritario. La competencia, el tener que responder a un electorado y la libertad de prensa hacen más transparente la actividad política. Al igual que en el caso del mercado, la libertad cambia la estructura de incentivos y cierra las puertas a la corrupción.

Esa es la teoría, pero ¿y la práctica? En "Estado y Corrupción", Alejandro Chafuén y Eugenio Guzmán compararon el índice de corrupción y el índice de libertad económica de más de 56 países. Se basaron en dos diferentes estudios sobre la libertad: uno realizado por el Fraser Institute en Canadá, y otro elaborado por la Heritage Foundation en los Estados Unidos. La conclusión es contundente: a mayor libertad, menor corrupción. Los países menos corruptos del mundo son los más libres: Nueva Zelanda, Canadá, Suiza. Los más corruptos son los más pobres: Nigeria, Pakistán, Bangladesh.

¿Cuán corruptos o transparentes son los países de América Latina? Guatemala, por ejemplo, no queda muy bien situada. Los guatemaltecos productivos consideran que Guatemala es poco transparente. Guatemala ocupó el puesto número cincuenta y nueve de un total de ochenta y cinco países en el "Indice de Percepción de la Corrupción" elaborado por la ONG Transparencia Internacional. Este índice mide la percepción que tienen los empresarios respecto a la corrupción en su país y se nutre de por lo menos tres encuestas por país. Guatemala obtuvo una puntuación de tres, en una escala en la que el diez equivale a corrupción cero.

Además de corregir la falsa impresión de que el liberalismo es necesariamente corrupto, estos fríos números destrozan otras teorías, más antiguas, sobre la causa de la corrupción. La corrupción no es producto del clima tropical de América Latina, ni es una enfermedad que llevemos en la sangre y contra la cual nos resulte imposible luchar.

La teoría y los estudios empíricos citados en este artículo nos permiten conocer cuáles deben ser las estrategias para combatir la corrupción. La cura de la corrupción no consiste en prohibir o controlar los actos de los miembros de la sociedad, ni en aumentar el tamaño y las funciones del gobierno central, ni en decretar leyes moralizantes. La corrupción se vence aumentando los grados de libertad. Son menos corruptas las sociedades en las cuales las personas toman sus propias decisiones económicas y políticas y asumen con responsabilidad las consecuencias de sus actos.

La credibilidad de los gobiernos de América Latina, particularmente de aquellos recién electos o a punto de tomar posesión, depende de la transparencia. Los nuevos gobiernos podrán encontrar algunos ejemplos concretos de procesos transparentes en el quehacer público. Volviendo al caso de Guatemala, se pueden citar dos ejemplos recientes. La emisión de licencias de conducir fue concesionada a una empresa privada que lleva a cabo el proceso en forma ágil y transparente. También recién se terminó de automatizar el Registro General de la Propiedad, lo cual apunta hacia la posibilidad de hacer valer el derecho de propiedad.

La transparencia se logra principalmente simplificando los trámites administrativos, desregulando la economía y descentralizando la administración pública. Existen múltiples medidas adicionales, grandes y pequeñas, que se pueden tomar con este fin. Se puede obligar legalmente al gobierno a presentar estados de cuenta periódicos al público. Se puede restringir el gasto público a un porcentaje fijo del Producto Interior Bruto, e impedir por ley que el gobierno gaste más de lo que ingresa. Se debe cambiar la legislación que rige sobre los funcionarios públicos para establecer un sistema laboral por mérito, y no por antigüedad o nepotismo. Se puede exigir al Congreso una amplia y pública discusión de los proyectos de ley antes de que éstos sean aprobados en el pleno. Se puede proteger a aquellas personas que dan la voz de alerta en casos de corrupción, reduciendo así el riesgo personal al hacer lo correcto. Y se pueden formar círculos de integridad, mediante los cuales los funcionarios de la misma oficina hacen un pacto de caballeros de no prestarse a la corrupción.

Es necesario que nuestros futuros gobernantes, y todos los latinoamericanos, le demos prioridad a la transparencia. La lista anterior no es exhaustiva, pero muestra que es factible luchar contra la corrupción en el terreno político. Pero lo más importante es no rechazar la libertad económica y política porque de momento estén contaminadas por la corrupción. Como diría mi abuela, eso sería como tirar al bebé junto con el agua sucia en la que lo bañamos. Al contrario, para combatir este mal debemos cuidar el período de transición, aumentar los niveles de libertad individual y edificar el Estado de Derecho.

Article File / Ficha del Artículo
 Title: /  Título: Corrupción, transparencia y liberalismo
 Language: /  Idioma: Spanish / Español
 Author: /  Autor: Caroll RÍOS de Rodríguez
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 Crédito del autor:
Profesora de universidad y corresponsal de Perfiles Liberales en Guatemala.
 Type of text:
 Tipo de texto:
Opinion article / Artículo de opinión
 Category: /  Categoría:
 Classic text /  Texto clásico
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1060
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Este artículo es anterior a enero de 2006, cuando se reconstruyó el servicio actual.
 
      
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