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By / Por: Félix HIDALGO Puertas
Cultivar el mar

La pesca, nuestra tradicional manera de explotar los recursos biológicos marinos, atraviesa en nuestro país una grave y profunda crisis que afecta desgraciadamente al futuro de numerosas familias y cuya favorable resolución parece difícil si no imposible. La pesca es una actividad básicamente depredadora y toda depredación conduce inevitablemente a la sobreexplotación del recurso, de modo que éste solo puede recuperarse cuando su reducción provoca la consecuente disminución del número y eficiencia de los depredadores. Este ciclo, bien conocido y descrito en biología, se repite incesantemente en la Naturaleza y conlleva necesariamente crisis que afectan a ambos miembros de la pareja: si el número de presas disminuye por captura excesiva el número de depredadores lo hace por falta de presas que llevarse a la boca. Este aspecto de la historia natural es de total aplicación al asunto de la crisis pesquera salvo, afortunadamente, en que mientras en la Naturaleza los depredadores incontinentes mueren de hambre en nuestra sociedad tan solo se van al paro. Y ante esto no me avergüenza declarar que me interesa bastante más la suerte del pescador que la del pescado, actitud que reconozco inhabitual en estos tiempos de idealismo ecologista. Por eso creo que nos hemos de esforzar en encontrarle, a la pesca tradicional, alternativas viables (siquiera parciales) que palien el problema que se nos viene encima. En todo caso no cabe duda que sin pescado no hay pescadores y que poco pescado nos queda ya. Por eso no hay más solución que disminuir el esfuerzo de pesca para permitir que las poblaciones naturales se recuperen. Si además nos expulsan de nuestros caladeros tradicionales la consecuencia inevitable es un exceso de barcos y de pescadores. Todo parece indicar, pues, que nos encontramos en los prolegomenos de una penosa pero inevitable reconversión del sector. Y el problema es ese: ¿como y en que reconvertir a los pescadores excedentários?. Si la alternativa es el paro no me extrañará nada que la consecuencia sea el incremento agónico de la pesca (legal o ilegal) en nuestro litoral, el único y exiguo caladero que nos va quedando. Esto ya ha ocurrido: en nuestra región la reciente crisis económica recondujo hacia el mar litoral a numerosas personas que, no resignandose a la miseria, conseguían pan para hoy creando hambre para mañana bajo el lema de si yo no pesco otro lo hará. Las consecuencias están ahí y lo diré en las castizas palabras de un amigo motrileño, experto submarinista: en el mar no queda ni un vivo. Pero ¿que hacer?. Las medidas restrictivas ni valen ni bastan. Y no es una opinión: es una predicción. En un curso de economía en acuicultura un experto decía textualmente: "hagan lo que hagan los demás lo que más le interesa a cada uno de los pescadores es capturar más peces de los que le han asignado. Como consecuencia de ello el banco de peces es sobreexplotado hasta el agotamiento y todos salen perdiendo". Y es así: la Teoría matemática de Juegos predice que en una situación de competencia por la explotación de un recurso inevitablemente resulta más provechoso incumplir que cumplir las normas. Y lo más provechoso es lo que normalmente se impone por encima de la reglamentación y de la lógica máxime cuando los incumplimientos de la norma son benevolamente considerados. Entonces ¿cual es la solución?. Pues bien simple: asignar los recursos a propietarios. Ya cuidarán estos de que no se les agoten, de promover su producción, de optimizar el rendimiento. Esto es fácil de hacer en tierra pero ¿y en el mar?. ¿Podemos, acaso, aplicar los modelos de la agricultura y ganadería terrestres al mar?. ¿Podremos, en definitiva, protagonizar una nueva revolución neolítica y realizar en el mar lo que antaño fue el tránsito del hombre cazador a la ganadería y a la agricultura?. ¿No es esto una utopía?. Los japoneses ya han demostrado que no hablamos de utopías. En el Japón cooperativas de pescadores explotan parcelas propias en su mar litoral cultivándolas, repoblándolas, cuidándolas. Han desarrollado ingeniosas técnicas para criar y controlar sus rebaños de peces y cuando esto último no es posible los confinan en jaulas o en estanques. Y lejos de su intención agostar sus parcelas o extinguir sus rebaños pues nadie tira piedras sobre su propio tejado. ¿Por que no habríamos de poder hacer nosotros lo mismo?. Al menos algunos pescadores catalanes ya lo intentan con la instalación de jaulas para el engorde de peces. ¿Seremos nosotros, una vez más, diferentes y reacios a la innovación o, por una vez, conscientes de que hay que renovarse o morir?. La gente de nuestra costa recordará, sin duda, como vieron los primeros invernaderos con benévola e incrédula sorna. ¿Quien hubiese imaginado entonces la magnitud de la riqueza económica creada por la agricultura de invernadero en el presente?. Armadores y pescadores debieran tomar nota de este ejemplo y aplicarse a construir el futuro. Ellos más que nadie deben esforzarse en desarrollar el cultivo del mar. La capacidad técnica no nos falta. Sería penoso que nos faltara el espíritu. Y no debe faltarnos iniciativa máxime cuando se dan en nuestra región desafortunadas circunstancias ambientales que hacen aún más deseable el desarrollo del cultivo del mar. Primero, la sequía. Esta afecta a la agricultura pero no a la acuicultura que utiliza el inagotable agua del mar. Segundo: el calentamiento global del planeta que está elevando el nivel de las aguas marinas de modo que el propio Ministerio de Obras Públicas y Transportes prevé la pérdida de parte de nuestras llanuras costeras (y, presumiblemente, de sus cultivos). En esta lamentable tesitura la acuicultura marina podría ser una alternativa compensatoria razonable y contribuir notablemente al desarrollo de nuestro litoral aún con un cambio climático adverso. Y aquí surge otra cuestión: la ambiental. Para discutirla brevemente propondré un postulado que el tiempo habrá de validar: solo cuando se permita que ciertas áreas marinas sean cultivadas, con las mismas capacidades modificadoras del medio que son habituales en tierra, podrán eficazmente conservarse vírgenes otras áreas consideradas reservas. Por decirlo de otro modo: solo cuando se permita a las gentes de la mar vivir holgadamente con la explotación de ciertas parcelas podrán liberarse de la presión humana las parcelas protegidas. No es nada nuevo. Es lo que ocurre en tierra donde la existencia de tierras de labor altamente productivas (que antaño, tal vez en el Paleolítico, fueron ecosistemas naturales) permite liberar terreno para la existencia de reservas naturales. ¿Respetaría alguien alguna reserva o alguna veda, en el ámbito terrestre, si no hubiera campos de trigo o granjas de pollos?. No obstante, lo dicho no excusa que en esta estrategia futura se produzcan problemas medioambientales: los habrá (como en toda actividad humana) y habrá que resolverlos (como, por otro lado, ya se hace: en el ámbito científico-técnico se están publicando numerosas obras dedicadas al tema acuicultura y medio ambiente que indican el interés del sector por conseguir un desarrollo armónico con el medio). Como dice un colega: "los granjeros marinos deben ser conscientes de los problemas a los que se enfrenta su industria y prepararse para resolverlos de una manera responsable. Haciendo esto podrán desarrollar una industria en armonía con la naturaleza y resolver los conflictos a través del diálogo y la comunicación". En cualquier caso el futuro está ahí.

Article File / Ficha del Artículo
 Title: /  Título: Cultivar el mar
 Language: /  Idioma: Spanish / Español
 Author: /  Autor: Félix HIDALGO Puertas
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 Crédito del autor:
Biólogo diplomado en Nutrición, profesor de la Universidad de Granada (España).
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 Tipo de texto:
Opinion article / Artículo de opinión
 Category: /  Categoría:
 Classic text /  Texto clásico
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Este artículo es anterior a enero de 2006, cuando se reconstruyó el servicio actual.
 
      
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