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| El debut del nuevo imperialismo |
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La inminente guerra en Irak marca el debut del imperialismo del siglo XXI, porque actualiza tres rasgos cl谩sicos de este mecanismo de dominaci贸n: opresi贸n militar, sometimiento pol铆tico y sustracci贸n de recursos econ贸micos de un pa铆s perif茅rico.
El genocidio b茅lico
Los jefes del Pent谩gono no disimulan la masacre que perpetrar谩n sus tropas. Han publicitado que durante los primeros d铆as de ataque lanzar谩n m谩s proyectiles que durante toda la expedici贸n anterior del Golfo. Intentar谩n una "campa帽a corta" aterrorizando a la poblaci贸n civil, que ha sufrido medio mill贸n de muertos como consecuencia del bloqueo de la 煤ltima d茅cada. La televisi贸n exhibe imp煤dicamente como se preparan los misiles de 煤ltima generaci贸n, las armas electromagn茅ticas y las bombas qu铆micas para ensangrentar al pueblo irak铆.
Los pretextos esgrimidos para consumar el genocidio son insostenibles. Irak no es un peligro, sino un pa铆s arruinado. Carece de las armas nucleares que posee Israel y el arsenal biol贸gico, que en los 80 el Pent谩gono le suministr贸 a Hussein para atacar a Ir谩n y a los kurdos, ha sido desactivado por los inspectores de la ONU. Las vinculaciones de Sadam con Bin Laden son irrelevantes en comparaci贸n a la complicidad de Al Qaeda con los jeques pro-norteamericanos de Arabia Saudita.
Irak enfrenta la ins贸lita situaci贸n de aguardar una invasi贸n inminente presentando pruebas de su desarme. Se le exige demostrar que no dispone de armas, como si fuera posible probar la carencia de algo. Mientras el Pent谩gono ultima los detalles del ataque, los inspectores de la ONU desguarnecen a la v铆ctima de cualquier protecci贸n militar. Esta presi贸n diplom谩tica es un complemento y no un contrapeso de la agresi贸n, porque apunta a viabilizar la rendici贸n del pa铆s. Para cumplir esta funci贸n las Naciones Unidas aplican un est谩ndar doble de resoluciones: las que Israel puede violar y las que Irak debe cumplir.
Estados Unidos ha fabricado artificialmente una crisis para redise帽ar el mapa de Oriente. Luego de instalar 13 nuevas bases militares en Asia Central, el Pent谩gono busca ocupar Irak para remodelar los protectorados petroleros de la regi贸n y para brindar, adem谩s, cobertura al opresor sionista con chantajes sobre Siria e Irak. La guerra es una demostraci贸n de fuerza frente al mundo 谩rabe, que dejar谩 muy atr谩s los asaltos de Panam谩, Somalia o Kosovo. La destrucci贸n de la capacidad tecnol贸gica y la autonom铆a econ贸mica de un pa铆s como Irak ilustra los rasgos coloniales que presenta el imperialismo del siglo XXI.
La guerra constituye un componente indispensable del metabolismo imperialista. No es tan solo una "cortina de humo" para distraer a la poblaci贸n de las dificultades econ贸micas, ni un recurso electoral para ganar votos con discursos patri贸ticos. La historia del capitalismo est谩 signada por una compulsi贸n peri贸dica hacia el exterminio de grandes poblaciones. En alg煤n punto de la acumulaci贸n, la competencia por el beneficio requiere desenlaces extraecon贸micos. Luego de haber liderado en la 煤ltima d茅cada. la mundializaci贸n, la revoluci贸n inform谩tica, las transformaciones financieras y la expansi贸n geogr谩fica del capital, Estados Unidos necesita exhibir una secuencia de conquistas para reafirmar su hegemon铆a.
Por eso el componente irracional de la guerra que tantos cr铆ticos subrayaron no debe ocultar la l贸gica infernal de la masacre. Los "halcones se han lanzado a una locura hist贸rica"[1] porque la expansi贸n de los mercados exige depredaciones sanguinarias. La irracionalidad del genocidio se sustenta en la racionalidad de la acumulaci贸n. Y si Bush encabeza el clan de funcionarios m谩s reaccionarios y arrogantes de las 煤ltimas administraciones es porque este personal resulta apto para inaugurar un nuevo per铆odo del imperialismo.
LA "Guerra Infinita"
A diferencia de lo ocurrido durante la guerra del Golfo, las justificaciones de la masacre no logran un m铆nimo de adhesiones. Por eso, algunos voceros de la embajada norteamericana intentan descabelladamente demostrar que "Sadam constituye una amenaza para el mundo"[2], cu谩ndo es evidente que el mayor peligro para la humanidad habita la Casa Blanca. Algunos pensadores sostienen que "el constitucionalismo norteamericano es preferible a la dictadura irak铆", como si la guerra no fuera un operativo contra la democracia en ambas regiones[3]. En Irak es obvio que el ocupante sustituir谩 al tirano en desgracia por un cipayo af铆n, como lo demuestra la red de monarcas, narcotraficantes y bandidos pro-norteamericanos que gobiernan la regi贸n.
Pero la guerra tambi茅n amenaza los derechos civiles de Estados Unidos, porque un presidente mesi谩nico pretende disimular su origen fraudulento creando un clima de terror paranoico entre la poblaci贸n, con el auxilio de enemigos instigados o fabulados por el FBI. La escandalosa difusi贸n p煤blica de las torturas aplicadas a los prisioneros de Guant谩namo es tan solo una muestra del avance del estado policial luego del 11 de septiembre.
La guerra constituye el recurso cl谩sico de disciplinamiento de la poblaci贸n norteamericana, que es aturdida por discursos chauvinistas destinados a realzar las virtudes de la autosuficiencia y la fuerza bruta frente a la cobard铆a y la vacilaci贸n europeas. Estos mensajes incluyen la denigraci贸n de la inteligencia y el desprecio por cualquier legislaci贸n que contravenga la supremac铆a del gendarme.
Pero como en el mundo predomina un generalizado descreimiento hacia la "misi贸n civilizadora" de Estados Unidos, el cinismo se ha convertido en la justificaci贸n m谩s corriente de la guerra. Esta actitud prevalece por ejemplo entre qui茅nes denuncian la complicidad de los gobiernos europeos con el empobrecimiento de Irak para avalar resignadamente la agresi贸n norteamericana.
La invasi贸n inaugurar谩 la vigencia de la nueva doctrina de "guerra preventiva" que legitima el derecho de Estados Unidos a agredir cualquier pa铆s, esgrimiendo simples presunciones. La pol铆tica de "guerra infinita" desconoce tratados internacionales y pone en marcha operaciones b茅licas que no guardan ninguna proporci贸n entre los medios y los fines. Por eso Bush est谩 actuando como un criminal de guerra y la definici贸n de terrorista le calza mucho m谩s que a su ex socio Saddam.
La econom铆a de la muerte
Los hombres del Pent谩gono no disimulan el objetivo norteamericano de apropiarse del petr贸leo irak铆. C贸mo la principal potencia solo detenta el 2% de las reservas mundiales de crudo y consume un cuarto de la producci贸n total, ocupar un pa铆s que posee el 12% de las recursos detectados se ha vuelto una prioridad. Explotando los yacimientos conocidos, los conquistadores esperan duplicar inmediatamente los niveles actuales de extracci贸n petrolera de Irak.
Estados Unidos busca asegurarse la provisi贸n regular de combustible para adecuar su precio a los requerimientos del ciclo norteamericano (subir la oferta en la recesi贸n y bajarla en la expansi贸n), neutralizando de esta forma la incidencia sobre el precio del barril que actualmente tienen los grandes productores de la OPEP.
Obviamente tambi茅n el complejo industrial militar est谩 directamente interesado en la guerra. Sus corporaciones ya no dependen solo de la demanda gubernamental, sino tambi茅n de la propia concurrencia del mercado. La compulsi贸n competitiva se ha intensificado provocando el desgaste m谩s acelerado del armamento y obligando a utilizarlo con mayor frecuencia. Irak es un blanco ideal, porque seg煤n ciertas estimaciones por cada d贸lar invertido en la extracci贸n de petr贸leo en el Golfo se requieren 5 d贸lares adicionales de coberturas militares. Por eso, la fiebre armamentista se ha reactivado tan furiosamente en los 煤ltimos meses elevando el presupuesto b茅lico en 11% por encima del promedio de la guerra fr铆a.
Masacrar a la poblaci贸n de Irak se perfila como un floreciente negocio tambi茅n para las compa帽铆as que participar谩n en la reconstrucci贸n. El Pent谩gono planifica ambas tareas conjuntamente, siguiendo la norma capitalista de maximizar el beneficio sobre los cad谩veres y las ciudades demolidas. Pero lo que parece un resultado previsible en Irak es una apuesta incierta dentro de Estados Unidos, porque nadie sabe cual ser谩 el efecto de la masacre sobre la econom铆a norteamericana. En Wall Street se pronostica que "un conflicto corto tendr谩 efectos positivos", mientras que una batalla prolongada descontrolar铆a el precio del crudo. M谩s peligroso a煤n es el desequilibrio fiscal, porque Bush acrecienta el gasto b茅lico al mismo tiempo que recorta impuestos. Si el gasto militar tendr谩 el efecto reanimante de Corea o el impacto inflacionario de Vietnam es un misterio que se develar谩 en el pr贸ximo per铆odo.
Aunque Bush promueve la guerra para contrarrestar la recesi贸n actual, su apuesta no es coyuntural. Un clima b茅lico resulta indispensable para intentar resucitar el crecimiento de los 90 con incentivos impositivos a los grupos enriquecidos y est铆mulos a la inversi贸n empresaria basados en atropellos sociales. Una demostraci贸n de gran poder de fuego es la forma de inducir un precio del d贸lar que preserve el ingreso de capitales a Estados Unidos y permita al mismo tiempo un relanzamiento de las exportaciones.
Imperio, Superimperialismo e Interimperialismo
La guerra que comanda Estados Unidos es imperialista y no imperial en el sentido que Negri le asigna a este t茅rmino, ya que no enfrenta a fuerzas pertenecientes a un mismo capital transnacional. Los marines act煤an al servicio de Texaco y Exxon y no en favor de un "capital global" indiscriminado y desterritorializado. Su acci贸n confirma que las fronteras y las naciones no se han disuelto y que los grupos capitalistas contin煤an rivalizando bajo la protecci贸n de sus estados.
Pero el imperialismo contempor谩neo difiere sustancialmente de su cl谩sico antecesor. El incendio de Irak no es la antesala de un choque entre potencias por el reparto del mundo. Aunque la guerra est谩 precipitando una crisis sin precedentes en la OTAN, ni Francia, ni Alemania est谩n embarcadas en la formaci贸n del tipo de alianzas que en el pasado culminaron en dos guerras mundiales.
En comparaci贸n a ese generalizado enfrentamiento, el choque actual es extremadamente limitado. La "vieja Europa" particip贸 en la expedici贸n anterior del Golfo y coincide con el proyecto imperialista de someter a Irak, pero Francia tiene negocios petroleros con Hussein que ser铆an gravemente da帽ados por un gobierno de ocupaci贸n norteamericano. Mientras que las corporaciones Mobil y Texaco est谩n esperando en Kuwait el ingreso de los marines para asaltar el crudo, la compa帽铆a francesa Total Elf mantiene contratos con empresas irqu铆es desde hace una d茅cada. En una situaci贸n semejante se encuentra la empresa rusa Lukoil y otras europeas afincadas en Ir谩n.
Estos conflictos interimperialistas desbordan ampliamente el escenario irak铆, ya que un 茅xito militar norteamericano debilitar铆a la presencia de Francia en Africa y Alemania en Europa Oriental. Tambi茅n presionar铆a a las clases capitalistas en formaci贸n de Rusia o China a inclinarse en favor del l铆der estadounidense en desmedro de sus socios europeos. Pero incluso un estallido de la Uni贸n Europea no asemejar铆a la crisis actual al per铆odo que precedi贸 a la segunda guerra, porque ninguna potencia est谩 en condiciones de preparar un desaf铆o militar a los Estados Unidos.
Por eso es tan efectista como equivocada la analog铆a de Bush con Hitler, que muchos cr铆ticos del imperialismo contraponen al rid铆culo parentesco entre Sadam y el Tercer Reich, que difunde la prensa norteamericana. Es cierto que los delirios m铆sticos de Bush recuerdan a Hitler y que el holocausto que puede desencadenar la maquinaria b茅lica norteamericana supera todo lo conocido. Pero la guerra en curso es imperialista y no interimperialista.
La resistencia del eje franco-alem谩n tambi茅n demuestra que a pesar de su indisputada hegemon铆a militar, Estados Unidos no ha logrado alcanzar a煤n el status supremo de superimperialismo. Sus vasallos se mantienen localizados en la periferia y no se han extendido a Europa Occidental, ni a Jap贸n. Aunque desde la implosi贸n de la URSS ha logrado inclinar en su favor el balance econ贸mico de fuerzas, Estados Unidos no detenta el poder ilimitado que describen muchos comentaristas.
La protesta global contra la guerra
La impresionante reacci贸n contra el genocidio constituye un acontecimiento imprevisto por los invasores, que algunos medios identifican con el surgimiento de una "opini贸n p煤blica mundial" y que est谩 en condiciones de frustrar la operaci贸n imperialista. Las marchas coordinadas de 10 millones de personas que se realizaron en 2000 ciudades de 98 pa铆ses inauguraron el 15 de febrero la mayor batalla popular contempor谩nea contra una guerra imperialista. Las movilizaciones revierten la pasividad predominante durante los 90 frente a las guerras del Golfo y los Balcanes y superan el alcance de la resistencia a los misiles que conmovi贸 a Europa en 1981-83. A diferencia de Vietnam, el movimiento debuta antes el conflicto y no como resultado de su sangriento desarrollo.
La multitudinaria conquista de las calles -que volvi贸 a repetirse el 15 de marzo- constituye apenas el primer acto de la movilizaci贸n antimilitarista. Ya se produjeron bloqueos a los trenes que transportan armamento en Italia y a los camiones que transitan por las bases de Alemania. Los estibadores de varios puertos europeos no embarcan municiones y bajo el recordado lema de "no pasar谩n", en algunas localidades ya aparecieron los piquetes que cierran el paso de tropas que marchan al frente. Las acciones para detener buques en alta mar ilustran el coraje de la nueva generaci贸n. En Irak se ha instalado adem谩s, un "escudo humano" multinacional de valerosos voluntarios contra el bombardeo. La pr贸xima secuencia de acciones contempla la organizaci贸n de huelgas y el boicot al consumo de productos norteamericanos. Ya no solo Blair est谩 jaqueado por la oleada antimilitarista. Tambi茅n Aznar y Berlusconi pueden quedar pulverizados si contin煤an participando tan activamente en la cruzada de Bush.
La existencia de un foro mundial que promueve y coordina las protestas constituye otro rasgo distintivo del movimiento actual. La protesta contra la globalizaci贸n capitalista tiende a reorientarse hacia una lucha frontal contra la guerra. Esta evoluci贸n es un positivo s铆ntoma de radicalizaci贸n y no un "desafortunado desvi贸 de las energ铆as de lucha"[4]. Pasar del repudio a los banqueros a la movilizaci贸n contra la guerra permite desenvolver la incipiente conciencia anticapitalista que existe en el movimiento de protesta global. Transformar el rechazo a la mercantilizaci贸n del mundo en un cuestionamiento al orden imperialista facilita la comprensi贸n de porqu茅 "otro mundo posible" solo ser谩 alcanzado con el socialismo. La lucha en curso tambi茅n permite clarificar porque los protagonistas de la emancipaci贸n no son amorfas multitudes, sino j贸venes, trabajadores, explotados y oprimidos.
Am茅rica Latina en la mira
La creencia que Latinoam茅rica ser谩 ajena a la guerra porque "est谩 lejos" y no figura en la "agenda norteamericana" es una inadmisible ingenuidad. La regi贸n ocupa un lugar comparable al Medio Oriente en la estrategia de dominaci贸n imperialista, porque ambas zonas nutren de materias primas a la econom铆a estadounidense y son mercados privilegiados de su producci贸n. El resultado de la guerra es vital ya que reforzar谩 o debilitar谩 al gran opresor de Am茅rica Latina en tres planos.
En la 贸rbita militar es evidente que Colombia seguir谩 a Irak en la lista de pa铆ses directamente intervenidos por los marines. El presidente Uribe ya ha solicitado abiertamente esta invasi贸n, mientras se generaliza el proceso de rearme de los gobiernos regionales que se han subido al carro norteamericana " de la lucha contra el terrorismo".
En el plano pol铆tico el desenlace de Irak definir谩 cu谩l es la nueva escala de recolonizaci贸n estadounidense. El insultante trato que han recibido los diplom谩ticos de M茅xico y Chile en el Consejo de Seguridad (espionaje telef贸nico, presiones para comprar votos) es apenas un anticipo de la nueva arrogancia imperialista. El Pent谩gono mantiene en reserva otro intento de golpe contra Chavez mientras se decide el curso de la guerra en Oriente, porque Estados Unidos considera que el petr贸leo venezolano constituye un recurso propio de su "patio trasero".
En la esfera econ贸mica el resultado de Irak impondr谩 definiciones sobre el ALCA y la deuda. Una mayor presi贸n comercial para acelerar la apertura importadora de la regi贸n sin contrapartida equivalente en el mercado norteamericano ser谩 acompa帽ada por mayores exigencias del pago de la hipoteca.
Esta agobiante succi贸n de recursos explica en cierta medida porque la oposici贸n a la guerra es tan generalizada y contundente en todos los pa铆ses latinoamericanos. Hasta los propagandistas m谩s descarados del Departamento de Estado han reconocido la contundencia de este rechazo[5].
Esta resistencia frontal es muy visible en la Argentina en los resultados de las encuestas (90% de oposici贸n a la guerra), en la masividad de las marchas y en la radicalidad antiimperialista de las consignas. Este clima es un efecto de la revuelta del 20 de diciembre y del nefasto resultado que tuvo la participaci贸n argentina en la guerra del Golfo.
S贸lo a los voceros locales de la Casa Blanca[6] se le ocurre pregonar un nuevo alineamiento con el invasor, repitiendo que esta sumisi贸n favorecer谩 el ingreso de inversiones extranjeras. Parecen olvidar el desprecio que los gobiernos norteamericanos suelen demostrar por sus lacayos m谩s obsecuentes. Cu谩ndo adem谩s sugieren que el r茅dito de la guerra radica en el encarecimiento de las los exportaciones argentinas, omiten que los eventuales beneficios de los grupos petroleros y cerealeros no se extender谩n al conjunto de la poblaci贸n.
El gobierno de Duhalde ya no est谩 en condiciones de embarcar al pa铆s en otra "relaci贸n carnal" con Estados Unidos. Pero intenta preservar este alineamiento con promesas de "auxilio humanitario" que encubren el prop贸sito de enviar hospitales militares al campo de batalla. Es igualmente muy improbable que pueda concretar esta payasada.
Desborde de contradicciones
Al momento de escribir esta nota Bush se apresta a lanzar el ataque en un marco de creciente aislamiento. No solo est谩 deshecha la alianza que forj贸 su padre, sino que tambi茅n se ha quebrado el frente que propiciaba la aventura a principio de a帽o. Adem谩s de Francia, Alemana y el Papa, ahora tambi茅n resiste la invasi贸n una parte del gobierno brit谩nico y un significativo sector de la clase dominante norteamericana (Brezinski, Carter, Clinton, New York Times). En el propio gabinete de Bush las "palomas" (Powell) que no pertenecen al lobby petrolero y armamentista (Rumsfeld, Cheney) est谩n disconformes con la idea de cargar la expedici贸n sobre las espaldas exclusivas de Estados Unidos.
Pero Bush ya desplaz贸 su armada hacia el Golfo y est谩 muy comprometido con la guerra, para retroceder sin sufrir un derrumbe de autoridad. O se embarca en la invasi贸n o pierde credibilidad y en ese caso, en lugar de rodar la cabeza de Hussein se desmoronar谩 la administraci贸n del presidente guerrero. Como dijo Kissinger: "a esta altura ya no podemos detener el tren".
La necesidad de una victoria militar relampagueante se ha vuelto imperiosa en estas condiciones, ya que cualquier empantanamiento (y especialmente la multiplicaci贸n de bajas norteamericanas) quebrar谩 el fr谩gil sost茅n pol铆tico de la operaci贸n. Pero este triunfo acelerado requiere el tipo de masacres que subleva a la poblaci贸n mundial.
Pero tampoco un 茅xito militar fulgurante asegura el triunfo de la operaci贸n. Nadie sabe si una ocupaci贸n prolongada de Irak alcanzar谩 para impedir la desintegraci贸n territorial del pa铆s y la consiguiente dificultad para asegurar la apropiaci贸n estable del petr贸leo. Tampoco se avizora como Estados Unidos podr铆a arbitrar en el mosaico de tensiones regionales (especialmente en el Kurdist谩n), que ser谩n potenciadas por su presencia directa en la zona. La ingobernabilidad de Afganist谩n y la competencia de fracciones isl谩micas por el control de los yacimientos y oleoductos de Asia Central son anticipos de estos conflictos. Adem谩s esta desarticulaci贸n estatal abona el terreno para que germinen los Bin Laden.
Pero tambi茅n fuera de la regi贸n se avizora un horizonte de crisis. El unilateralismo b茅lico de Estados Unidos ya provoc贸 una crisis de la OTAN superior al abandono franc茅s de los 60, a la tensi贸n creada por los euromisiles en los 80 y a las desavenencias desatadas por la guerra de los Balcanes en los 90. El choque actual no se reduce a Irak, sino que involucra a todo el manejo norteamericano inconsulto de la Alianza, que 煤ltimamente estuvo dirigido a reforzar las amenazas contra Rusia y a socavar la constituci贸n de un eventual ej茅rcito europeo.
Justamente la principal v铆ctima de la guerra en Irak ser铆a la Uni贸n Europea, como ya lo prueba la espectacular cu帽a que Estados Unidos introdujo entre los art铆fices de la comunidad. Qu茅 Espa帽a proteja sus inversiones en Latinoam茅rica sosteniendo a Bush y que Polonia o Hungr铆a obstruyan su ingreso a la U.E. apoyando la guerra son signos ilustrativos de la fragilidad del mayor proyecto regional que desaf铆a la hegemon铆a norteamericana.
Pero la guerra no solo puede abortar la Uni贸n Europea, sino tambi茅n la continuidad de la propia ONU como organismo dotado de alguna efectividad. Si Estados Unidos ataca sin el aval del Consejo de Seguridad destruir谩 la viabilidad del 谩mbito que ha regulado las relaciones internacionales durante el 煤ltimo medio siglo. Esta amputaci贸n abre el temido horizonte de incertidumbre, que tanto preocupa a los gobiernos opositores a una guerra exclusivamente norteamericana. 驴Cu谩l ser铆a, por ejemplo, el escenario de los conflictos de Corea del Norte, Palestina o India-Pakist谩n si colapsan las Naciones Unidas?
En los 煤ltimos 200 a帽os el desenlace de ciertas guerras marc贸 el punto de viraje de grandes etapas, fases y crisis del capitalismo. El conflicto de Irak se perfila como un acontecimiento de este tipo, porque podr铆a definir el ambiguo resultado de las transformaciones econ贸micas registradas durante los 90. Pero las guerras tambi茅n precipitaron en el pasado la renovaci贸n integra del proyecto socialista y esta perspectiva tambi茅n est谩 abierta en la realidad actual.
Notas:
1. Como bien se帽ala Feinman Jos茅 Pablo. "Historia y locura". P谩gina 12, 23-02-03
2. Escud茅 Carlos. "Hacia una consolidaci贸n del nuevo orden mundial", La Naci贸n, 23- 02-03
3. Ver por ejemplo las opiniones de Abraham Tomas. "El silencio de los inocentes", P谩gina 12,16-2-03
4. Hardt Michel. "No al antiamericanismo". P谩gina 12, 21-2-03
5. Oppenheimer Andr茅s. "Los da帽os colaterales en Am茅rica Latina", La Naci贸n, 4-03-03.
6. Castro Jorge. "Incertidumbre econ贸mica". La Naci贸n, 23-02-03
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Article File / Ficha del Artículo
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Título:
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El debut del nuevo imperialismo |
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Spanish / Espa帽ol |
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Claudio KATZ |
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Economista, Investigador, Profesor. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda).
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Opinion article / Art铆culo de opini贸n |
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