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By / Por: Bastiana RODRÍGUEZ
Chávez, Castro... y Harnecker
Los periodistas "progresistas" no se enteran de ciertas cosas porque, sencillamente, no se quieren enterar. La desinformación favorable a todo régimen que se presente como izquierdista es una constante en los medios de comunicación. Marta Harnecker, la comunicóloga llamada a constituir la última defensa mediática de Hugo Chávez, no nos toma por sorpresa, pero es interesante analizar lo qué hay detrás de la simple ayuda a las relaciones públicas del chavismo.

Ya cubierto el flanco de los medios "progresistas" con la división Ramonet -esa quinta columna estacionada en París, perfectamente camuflada bajo el manto diplomático del análisis mediático-, el Agitprop de los aparatos de seguridad cubanos ha considerado conveniente ampliar su respaldo mediático al teniente coronel Hugo Chávez Frías. Cubrirle también el lado comunicativo propiamente revolucionario. Ha puesto a disposición del huérfano y destartalado aparato ideológico chavista una vieja y experimentada socióloga chileno-cubana, la ex profesora, investigadora y divulgadora Marta Harnecker. Formada en Francia en tiempos "protestatarios", la entonces Srta. Harnecker envasó ciertas enseñanzas básicas del marxismo-leninismo en un envoltorio estructuralista -estaba entonces de moda el ideólogo del Partido Comunista francés, Louis Althusser- y dio en crear unos manuales de marxismo leninismo para principiantes, que habituaron a generaciones de bolivianos, peruanos y guatemaltecos a traficar con abstrusos conceptos tales como "modo de producción", "relaciones de producción", "superestructura ideológica", "clase en sí y clase para sí" y otras yerbas del imaginario decimonónico marxista y el estalinismo soviético. Por aquellos tiempos, Fidel Castro estaba empeñado en una feroz lucha contra lo que consideraba el anquilosado aparato del Partido Comunista Cubano, pro-soviético y tradicional aliado de Batista, que ahora pretendía arrebatarle un importante trozo del pastel arrancado al batistato en la Sierra Maestra. Para ello libró un combate de vida o muerte contra lo que llamó "la desviación" del burocratismo de manuales y encarceló a los más recalcitrantes funcionarios del PCC. Hasta expulsó, en ominoso gesto, a Volodia Teitelboim, uno de los más importantes funcionarios del Comité Central del Partido Comunista chileno, de una asamblea de la OSPAAL (Organización de Solidaridad de los Pueblos de Asia, África y América Latina). Eran los tiempos del Che y la vía armada o castrismo como única forma aceptada de acceso al poder. El único manual sacralizado era Revolución en la revolución, del entonces joven ideólogo francés Regis Debray. Marta Harnecker, bien por el contrario, era considerada una "reformista". Lo que no dejaba de ser cierto: militaba en un pequeño partido de clase media católica chilena, el MAPU, que vegetaba a la sombra del reformismo de la Unidad Popular y más bien repugnaba del MIR, del castrismo y de la vía armada. Obligada al exilio por el cruento y -ese sí- auténtico golpe de Estado del general Augusto Pinochet, Marta Harnecker recaló en La Habana. Allí conoció al Comandante Piñeiro, alias "Barbarroja", jefe máximo del Departamento América, encargado de exportar e instrumentalizar la revolución cubana en toda la región. Fundó con él una familia y se convirtió por vía marital en una funcionaria ad hoc del más alto nivel en la nomenclatura castrista. Tanto, que según revelaciones del diario La tercera de la hora, de Santiago de Chile, sería pieza fundamental en el pacto establecido en los 80 entre Castro y Gladis Marín, Secretaria General del PC chileno, para consolidar el giro del PCCH hacia la lucha armada como forma de salir de la dictadura de Pinochet. Le costará muchos años al viejo, disciplinado y hoy casi desaparecido partido comunista chileno, recuperar una mínima parte de su tradicional influencia. Por poco, la delirante aventura impulsada por la Harnecker le cuesta su existencia. Se cumplía así el sino que persigue a Castro: por donde quiera que pasa tratando de determinar el curso de la historia, siembra el desastre (Chile, Perú, Bolivia, Argentina, Centroamérica). Sin mencionar al África y su dramática secuela final: el fusilamiento de Arnaldo Ochoa y Tony De la Guardia. Lejos de la heroica y sangrienta tradición guevariana, Marta Harnecker, la última ideóloga que le va quedando al analfabeto aparato represivo cubano, continúa fiel a su manía criptopedagógica. Ha llegado a Caracas a escenificar una compasiva entrevista con el teniente coronel Chávez, a ver si le estructura un discurso medianamente convincente de su actuación en los turbios y aún no esclarecidos sucesos del 11, 12 y 13 de abril pasado. Vivisecciona el atropellado y menesteroso discurso del teniente coronel parcelándolo en secciones, capítulos, subcapítulos, parágrafos, versículos y hasta frases descoyuntadas. Así, la hueca palabrería con que Chávez pretende disculparse ante el matonesco submundo policíaco cubano -por haber tenido que lavarse los calzoncillos en cueros, delante de sus atónitos subordinados, convertido por propia decisión en acobardado y disminuido prisionero en una isla de fantasía- se convierte en un esquema discursivo tan dividido y subdivido en mini secciones como el del manual de operaciones de un MIG 21 de la Fuerza Aérea Cubana. El caudillo de la revolución bolivariana se desnuda en la maraña de sus mentiras y contradicciones y, a pesar del maquillaje althusseriano, se ve obligado a desempolvar el secreto de las razones que le llevaron a renunciar aterrado, a darse por preso sin combatir, a entregarse sin luchar. El resultado: tuvo que nombrar de Ministro de Defensa al Inspector General y máxima autoridad viviente de la FAN, Lucas Rincón, un infeliz que en la madrugada del 12 de Abril no hizo otra cosa que seguir sus órdenes, es decir, considerarle culpable de los sangrientos hechos del día anterior y darle por oficialmente renunciado. Lo que fue literalmente cierto. Aunque ahora, en palabras susurradas a la Harnecker, dizque "para ganar tiempo" -así se escribe la crónica acomodaticia de la sedicente revolución venezolana-, aunque abriendo con ello el vacío de poder que obligó a su propio Estado Mayor a llamar al tristemente célebre Carmona. Y a devolverlo a él mismo 36 horas después al abandonado sillón de Miraflores, cuando advirtió que el tal Carmona no contaba ni con el apoyo de su familia. Y que conste la voluntad protectora de Marta Harnecker. Es tal su perspicacia que luego de enterarse de boca del propio Chávez del abismo en que cayera el 11 de abril, del abandono en que lo dejara todo su Estado Mayor, del repudio mayoritario de un país y de la renuncia de ministros y embajadores ante la felonía sin nombre de sus matones, desliza perlas dialécticas como esta: "la oposición ha rechazado el espíritu conciliatorio y el espacio de diálogo abierto generosamente por el Gobierno, interpretando este gesto como una debilidad". Digno de una declaración pública de Al Capone luego de la Noche de San Valentín. Por lo visto, el matonaje hampón se contagia, así sea por compartir almohadas. Un hombre que ya no es nadie ofreciendo próvidos entendimientos... ¡qué molleja, como diría un zuliano! Ahora, a tres meses del evento, vuelve el "generoso" aprendiz fidelista a sus andadas y asoma las garras del único golpista venezolano que siempre fue. Espérense los acontecimientos. Hete aquí algunas "verdades" de nuestra matrona althusseriana: "las urbanizaciones de los ricos han comenzado a armarse". El mensaje es obvio: a Chávez sólo se le oponen los ricos (cuando es público y notorio que armados, con armas de guerra y hasta los dientes, sólo están los círculos gangsteriles del chavismo, y que la oposición al Gobierno trasciende ya de lejos la barrera del 70 % de la población). "El martes 11 de junio los sectores opositores concentraron en Caracas entre 80 y 100.000 personas". Cálculos de observadores internacionales, entre ellos algunos diputados del PSOE español, estimaron conservadoramente que habían unas 800.000 personas. "Suenan nuevamente las cacerolas en los barrios de los sectores acomodados". Suenan por doquier. "Los medios de comunicación nuevamente preparan el ambiente golpista". Hacer oposición por los medios escritos, radiales y televisivos -unánimemente contrarios al régimen- es propiciar el golpismo. "Chávez no se ha dejado provocar". Es el mayor provocador que ha conocido la historia contemporánea de Venezuela. "Ese mar de pueblo que se expresó en las calles el 12, 13 y 14 de abril...". Una turba de saqueadores que dejó a su paso un saldo de setenta cadáveres y que jamás llegó a reunir más de 20 o 30.000 desaforados partidarios del régimen. Chávez sabe que "cuenta con el apoyo del grueso de la Fuerza Armada..." La misma que lo defenestró vergonzosamente y a la que juraba conocer "como la palma de su mano". Lejos el régimen de La Habana de todo auténtico espíritu revolucionario, sólo le vale la enseñanza estalinista de que el poder bien vale un millón de mentiras. Y varios millones de fusilados. Convertida al castrismo, del que jamás estuvo muy lejos, Harnecker cree posible hacernos pasar su fábula para incautos militantes adoctrinados. Que se preparen para el enterramiento de esta revolución "bolivariana". Y le acomoden una suite al caudillo en sus mansiones protocolares del lujoso barrio habanero de El Vedado.

Article File / Ficha del Artículo
 Title: /  Título: Chávez, Castro... y Harnecker
 Language: /  Idioma: Spanish / Español
 Author: /  Autor: Bastiana RODRÍGUEZ
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Periodista venezolana.
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 Tipo de texto:
Opinion article / Artículo de opinión
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 Classic text /  Texto clásico
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1389
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Este artículo es anterior a enero de 2006, cuando se reconstruyó el servicio actual.
 
      
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