|
|
|
|
|
|
By / Por:
|
Omar Edgardo RIVERA |
|
|
|
| Retransmitiendo un consejo paternal | | Al Presidente Maduro Joest como consejo, a mi Padre como agradecimiento |
|
| Ante tanta mediocridad y corrupción que copa las estructuras oficiales, es difícil -para los titulares de los Poderes del Estado- distinguir lo turbio de lo inmaculado. | |
En 1994 tuve el honor de representar a los ciudadanos progreseños en la Corporación Municipal de la Ciudad "Perla del Ulúa" en calidad de Regidor Municipal; muy joven aun (tenia 23 años de edad), me toco asumir ese deber y privilegio.
Nunca olvido, desde esa fecha, lo que una vez me contó mi Padre, quien como buen consejero, me dio una formula fabulosa para evitar que el ambiente me absorba y pierda objetividad para percibir la realidad.
Ese consejo le puede servir al Presidente Ricardo Maduro Joest, y por este medio se lo retransmito.
Me contaba mi Padre, que a finales de la década del 50, el tuvo un grave accidente del que con suerte salió vivo; una mañana de fin de semana, al intentar subirse a un ferrocarril en plena marcha (el popular machangay dominguero), fue arrollado por el mismo; de milagro, el tren le molió únicamente su brazo derecho, el que quedo destrozado, y tuvo politraumatismos que no le afectaron mortalmente.
Para un niño de doce años, aquel acontecimiento le marco su existencia, y lo condeno por varios meses a tratamientos dolorosos, condicionando su recuperación a las limitadas técnicas medicas de la época.
Mi progenitor relata con especial minuciosidad, que en el hospital, la rutina curativa era a base de antibióticos y jabón; aunque daban resultado y evitaban la gangrena, los injertos de piel que tenían que aplicarle complicaban el cuadro clínico y muchas veces se infectaban las heridas.
Muchos de los esfuerzos por regenerar los tejidos dérmicos terminaban en fracaso; las piezas cutáneas sacadas de otras partes del cuerpo infantil de mi Padre, no empalmaban con la dermis original y se producían constantemente cuadros miasmáticos en el revestimiento externo de su despedazada mano y antebrazo.
A veces, el ambiente era atufado por olores nauseabundos y putrefactos generados por la infección de la extremidad superior dañada; esa fetidez era imperceptible por mi ascendiente, ya que al estar en una habitación pequeña y de poca ventilación, se había acostumbrado al hedor.
Y es allí donde mi Padre me aconsejó, me dijo hace ya casi una década, que no me dejara consumir por el ambiente; que muchas veces los hombres naveguemos en un mar de podredumbre y pudrición, y lo vemos normal y familiar a nuestro entorno, en ese mismo instante la complicidad pasiva se convierte en una falta de dimensiones tan majestuosas como el pecado por acción. Hechor y consentidor, pena igual (¿con una cuarta mas?).
Agregaba el autor de mis días, que muchas veces llegaban a visitarlo familiares y amistades, y luego de un breve saludo de solidaridad con el convaleciente infante, salían de la habitación, uno a uno, murmurando acerca del mal olor desprendido de sus graves lesiones.
Un día él pregunto: y porque salen todos tan rápido, ¿acaso huelo mal?".
Si, hay un mal olor en la habitación contesto mi Abuela Alba.
Pero yo no lo siento replicó el hijo a la Madre.
No lo puedes sentir, porque tu estas aquí permanentemente, convives con ese mal olor a diario, ya estas acostumbrado a él explico sabiamente mi Abuela.
"Nunca dejes que te pase en el ejercicio de las función gubernamental lo que a mi, en el Hospital", me aconsejo mi Padre.
Maravilloso y útil consejo, que hoy es regla en mis actuaciones.
Esa anécdota -relatada con el fin de aconsejarme en esa primera gran responsabilidad como funcionario publico- fue esencial para que al pasar los años me sienta orgullo de mis ejecutorias en la vida privada y publica.
Y ese consejo es válido para todos.
A veces por el dinamismo u obsesión con la cual llevamos la vida, perdemos objetividad y espejismos nos hipnotizan, falsas verdades nos anestesian y terminamos creyendo que el mal es el bien, nuestra escala de valores se invierte; sin darnos cuenta, que es lo peor.
El que es corrupto en el ejercicio de la función publica justifica su pillería en el derecho que tiene a recuperar lo invertido en campaña; el que viola las normas y leyes para beneficiar a un correligionario lo hace creyendo que funcionario que no abusa de poder pierde prestigio (como dice mi Tía y Don Oscar); el que tolera a sus subalternos picaros, lo hace bajo el argumento que ellos deben aprovechar: porque como esta, no hay otra gaviota!. En fin, la cultura de la justificación acomoda la moral y la rebaja a la mínima expresión.
El desempeño gubernamental se ajusta al minúsculo rendimiento; de tal forma que la máxima calificación se adjudica al mediocre, por lo que la curva (mecanismo utilizado en muchos centros educativos para hacer aprobar a los deficientes) beneficia al mas inoperante de los burócratas, quien recibe el apoyo irrestricto del que comanda la nave del Estado.
Ante tanta mediocridad y corrupción que copa las estructuras oficiales, es difícil -para los titulares de los Poderes del Estado- distinguir lo turbio de lo inmaculado. Así que, la politización de la justicia, la subordinación del parlamento ante las iniciativas del gabinete de gobierno, y la ineficiencia y fechorías gubernativas, son digeribles para la clase política nacional, e inclusive muchas veces- para los medios de comunicación y la ciudadanía en general.
Ya entre tanta pudrición, muchos son los que los ha absorbido el ambiente.
Así que vale la pena que Maduro Joest tome el consejo que me dio mi Padre, antes de que sea demasiado tarde.
No basta con las referencias que le dan Luis Cosensa Jiménez, Ramón Medina Luna y Ricardo Álvarez; un Presidente requiere de algo mas que le "acaricien el tímpano" diciéndole que todo va bien, que todo es azul!.
El país esta que arde y apesta, aunque Usted -como alguna vez dijo mi Padre- no lo sienta, Señor Presidente.
|
|
|
Article File / Ficha del Artículo
|
|
Title: /
Título:
|
Retransmitiendo un consejo paternal |
|
Language: /
Idioma:
|
Spanish / Español |
|
Author: /
Autor:
|
Omar Edgardo RIVERA |
Author email address:
Correo electrónico del autor:
|
|
Author credit:
Crédito del autor:
|
Autor hondureño.
|
Type of text:
Tipo de texto:
|
Opinion article / Artículo de opinión |
|
Category: /
Categoría:
|
|
|
Classic text /
Texto clásico
|
|
No. of words:
Núm. de palabras:
|
927 |
Article introduced on:
Artículo introducido el:
|
This archived article is older than January 2006 when the current service was rebuilt.
Este artículo es anterior a enero de 2006, cuando se reconstruyó el servicio actual.
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|