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| Las verdaderas razones de George Bush |
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Desde el momento de su toma de posesi贸n, el presidente de EE.UU. se ha volcado en dos prioridades estrat茅gicas: la modernizaci贸n y el desarrollo de las competencias militares de Estados Unidos y la adquisici贸n de reservas petroleras adicionales a partir de fuentes extranjeras. Estos dos objetivos, pese a tener or铆genes distintos, se han fusionado con la guerra "antiterrorista" para conformar la estrategia coherente que dirige en la actualidad la pol铆tica exterior de los estadounidenses.
La nueva estrategia no ha originado una declaraci贸n de principios ni parece que Washington la haya formulado de forma expl铆cita. Es patente, sin embargo, que las tres prioridades, en conjunto, han modificado profundamente la pr谩ctica militar estadounidense. El an谩lisis de algunas iniciativas recientes de este pa铆s nos permitir谩 comprender la naturaleza de dicha revoluci贸n.
Irak y el Golfo 脕rabe.
Parece indiscutible que la Administraci贸n Bush prepara una invasi贸n en Irak con el objetivo de derrocar a Sadam Husein y establecer en Bagdad un Gobierno pro estadounidense. Para preparar dicha operaci贸n, el departamento de Defensa refuerza su presencia militar en la regi贸n del Golfo. El objetivo declarado de esta pr贸xima invasi贸n ser铆a el de destruir la capacidad de Irak en cuanto a producci贸n de armas nucleares, qu铆micas o bacteriol贸gicas. Es evidente, no obstante, que Washington est谩 dispuesto a eliminar toda amenaza que se cierna sobre la producci贸n y el transporte de petr贸leo en la regi贸n. Seg煤n los estrategas estadounidenses, se trata asimismo de asegurar la disponibilidad de las amplias reservas petroleras iraqu铆es, es decir que no caigan bajo el control exclusivo de las empresas petroleras rusas, chinas o europeas.
Asia Central y C谩ucaso.
Cuando, despu茅s del 11 de septiembre, se desplegaron en la regi贸n las fuerzas estadounidenses, su 煤nica finalidad 聳-la que confesaron entonces- era la de apoyar las operaciones militares dirigidas contra los talib谩nes en Afganist谩n. Aunque los talib谩nes fueron vencidos, parece que las fuerzas militares seguir谩n en la regi贸n para llevar a cabo otra misi贸n. Consistir谩 probablemente 聳EE.UU. ha decidido acceder a las amplias reservas energ茅ticas de la cuenca del mar Caspio- en proteger la conducci贸n del petr贸leo y del gas destinados a los mercados occidentales. Hip贸tesis que apoya el env铆o de instructores militares a Georgia, fase clave del oleoducto que une el mar Caspio y el mar Negro al Mediterr谩neo, as铆 como la decisi贸n estadounidense de una base a茅rea en Kazajst谩n, a orillas del Caspio.
Colombia.
Hasta hace poco, el supuesto objeto del compromiso militar estadounidense en Colombia era la lucha contra el tr谩fico de estupefacientes. En los 煤ltimos meses, la Casa Blanca ha a帽adido dos nuevas metas al programa de asistencia militar EE.UU.: combatir la violencia pol铆tica y el "terrorismo" practicados por la guerrilla y proteger los oleoductos que transportan el petr贸leo de los yacimientos interiores hasta las refiner铆as situadas en la costa. Para financiar estas nuevas prioridades, la Administraci贸n de Bush pidi贸 al Congreso que votara un aumento de la ayuda militar a Bogot谩, 100 millones de d贸lares de los cuales iban a destinarse espec铆ficamente a la protecci贸n de los oleoductos.
Encontramos en estos ejemplos, y en otros en todo el mundo, las tres grandes prioridades enunciadas anteriormente. Pero lo que llama la atenci贸n es su fusi贸n en una sola estrategia. A partir de aqu铆 resulta imposible comprender la direcci贸n global de la pol铆tica exterior estadounidense sin tener en cuenta las implicaciones de esta integraci贸n. Para hacerlo, es necesario examinar por separado estas tres prioridades y luego analizar la forma en que se combinan.
UNA PRIORIDAD ABSOLUTA DE BUSH
Este objetivo, definido por el candidato George Bush durante su campa帽a presidencial, se ha convertido posteriormente en una prioridad absoluta de Gobierno. En un discurso clave, pronunciado en Citadel (una prestigiosa escuela militar situada en Carleston, en Carolina del Sur), Bush explic贸, en septiembre de 1999, c贸mo contaba llevar a cabo la "transformaci贸n" de los objetivos militares estadounidenses. Despu茅s de haber afirmado que la Administraci贸n de Clinton no hab铆a conseguido ajustar los programas militares a las nuevas realidades de la posguerra fr铆a, el candidato republicano se comprometi贸 a efectuar una nueva valoraci贸n completa de la estrategia de estados Unidos a fin de "empezar a forjar el ej茅rcito del siglo que viene".
Esta transformaci贸n del ej茅rcito tendr谩 dos objetivos principales: en primer lugar, asegurar la invulnerabilidad del territorio, mediante la construcci贸n de un escudo antimisiles, preservando la superioridad estadounidense en el campo de las armas avanzadas; seguidamente el desarrollo de la capacidad de EE.UU. para invadir ciertas potencias regionales hostiles como Irak, Irak o Corea del Norte. Bush garantiz贸, pues, su apoyo a la puesta a punto de un escudo antimisiles que proteja los cincuenta estados de EE.UU., as铆 como a la "revoluci贸n del pensamiento militar", que tiende a sistematizar la utilizaci贸n del ordenador, de sensores perfeccionados, de materiales "furtivos" y otras tecnolog铆as avanzadas en los campos de batalla. Seg煤n el presidente, esta pol铆tica asegurar谩 la supremac铆a estadounidense "a largo plazo".
En el marco del segundo objetivo, Bush formul贸 el deseo de desarrollar la capacidad de EE.UU. para "proyectar el poder铆o": en otras palabras, la capacidad de desplegar en territorios lejanos unas fuerzas potentes, capaces de triunfar ante cualquier adversario. Una ambici贸n de esta 铆ndole exige la adquisici贸n de nuevos equipos, como los sensores avanzados y aviones sin piloto, pero tambi茅n la reducci贸n del tama帽o de las unidades que agilice su despliegue. Bush explic贸: "Nuestras fuerzas armadas tendr谩n que ser m贸viles, mort铆feras y f谩ciles de desplegar con un m铆nimo apoyo log铆stico. Hemos de ser capaces de proyectar nuestra potencia a muy larga distancia, mejor en unos d铆as o en unas semanas que en unos meses. En tierra, nuestras unidades pesadas deben ganar movilidad; nuestras unidades ligeras, capacidad mort铆fera. Todas tienen que ser m谩s f谩ciles de desplegar".
Inmediatamente despu茅s de su toma de posesi贸n, Bush orden贸 al ministro de Defensa que empezara a poner en pr谩ctica sus disposiciones. "A petici贸n m铆a, el ministro de Defensa Donald H. Rumsfeld inici贸 un detenido estudio de las fuerzas armadas estadounidenses", declar贸 el presidente a comienzos del a帽o 2001. "Le concedo toda la libertad para cuestionar es statu quo para concebir mejor la nueva estructura destinada a defender EE.UU. y sus aliados". Esta nueva estructura ha de basarse en gran medida en las nuevas tecnolog铆as, pero su orientaci贸n principal sigue siendo la capacidad de proyectar r谩pidamente el poder铆o militar. Prosiguiendo con los t茅rminos del discurso pronunciado en Citadel, Bush estima que las fuerzas terrestres estadounidenses ser谩n "m谩s m贸viles y m谩s mort铆feras"; las fuerzas a茅reas, "capaces de golpear los objetivos lejanos con una precisi贸n absoluta" y que las fuerzas navales podr谩n "proyectar nuestro poder muy lejos en tierra firme".
UNAS FUERZAS ARMADAS QUE GOLPEAN DE FORMA DEVASTADORA
Estos objetivos determinan a partir de este momento las orientaciones presupuestarias del Pent谩gono a largo plazo. As铆 pues, en la presentaci贸n del presupuesto de defensa para el a帽o fiscal 2003 (comienza el 1 de octubre del a帽o precedente), que se eleva a 379.000 millones de d贸lares (un aumento de 45.000 millones con respecto a 2002), Rumsfeld declar贸: "Necesitamos unas fuerzas armadas de r谩pido despliegue y totalmente integradas entre s铆, capaces de llegar con rapidez a los campos de batalla lejanos y cooperar con nuestras fuerzas a茅reas y navales para golpear a nuestros adversarios con prontitud, precisi贸n y de forma devastadora". Y aunque se asignar谩n efectivamente unos medios adicionales al escudo antimisiles y a la lucha contra el terrorismo, en realidad es la capacidad de proyectar la potencia militar la que definir谩 las inversiones y la organizaci贸n de las fuerzas armadas en los pr贸ximos a帽os.
Despu茅s del 11 de septiembre, ha hecho su aparici贸n un nuevo concepto en el pensamiento estrat茅gico estadounidense: la idea seg煤n la cual EE.UU. debe poder emplear la fuerza de forma preventiva contra potencias hostiles susceptibles de utilizar armas de destrucci贸n masiva. La Casa Blanca afirma, en efecto, que podr铆a demostrarse la necesidad de unos ataques preventivos para defender a los ciudadanos estadounidenses frente a la amenaza que representan los "estados malhechores". Si para todo el mundo es evidente que una afirmaci贸n como esta constituye un cambio radical en la estrategia americana, tambi茅n es cierto que coincide del todo con los otros dos objetivos de la Administraci贸n: asegurar la invulnerabilidad de Estados Unidos y desarrollar su capacidad para invadir y someter a potencias hostiles.
La segunda prioridad de la Administraci贸n 聳adquisici贸n de nuevas reservas de petr贸leo de pa铆ses extranjeros-se detall贸 por primera vez en un informe del Natioinal Energy Plicy Development Group, publicado el 17 de mayo de 2001. Este documento, redactado por el vicepresidente Richard Chney, establece una estrategia destinada a responder al aumento de las necesidades en cuanto a petr贸leo de EE.UU. durante los pr贸ximos veinte a帽os. Aunque el informe menciona ciertas medidas destinadas a economizar energ铆a, la mayor parte de propuestas que contiene apuntan hacia el aumento de las reservas energ茅ticas estadounidenses.
Desde el momento de su publicaci贸n, el informe Cheney desencaden贸 una doble pol茅mica. De entrada, porque recomienda el establecimiento de torres de perforaci贸n en el parque nacional de Alaska, pero tambi茅n porque sus autores tuvieron contactos previos con Enron, hoy en quiebra. Esta pol茅mica ha ayudado a silenciar otros aspectos del informe, en especial aquellos que conciernen a las verdaderas implicaciones internacionales de esta nueva pol铆tica energ茅tica. S贸lo aparecen de forma clara en el 煤ltimo cap铆tulo ("Afianzar las alianzas globales"), que pretende remediar la penuria inminente de petr贸leo aumentando las importaciones.
Seg煤n el informe, la dependencia estadounidense respecto al petr贸leo extranjero habr铆a de pasar del 52% del consumo total de 2001 al 66% en 2020. Al aumentar tambi茅n el consumo total, EE.UU. deber谩 importar, en 2020, un 60% m谩s de petr贸leo que en la actualidad, pasando as铆 de 10,4 millones de barriles diarios a unos 16.7 millones. S贸lo podr铆an conseguirlo si convencieran a sus proveedores extranjeros para que incrementaran su producci贸n y vendieran m谩s cantidad de crudo a EE.UU.
DOS OBJETIVOS PRIORITARIOS
De todas formas, la mayor铆a de pa铆ses productores no disponen de los recursos econ贸micos necesarios para el desarrollo de sus infraestructuras petroleras o bien no est谩n dispuestos a permitir que unos clientes americanos dominen su producci贸n energ茅tica. Consciente de este extremo, el informe recomienda a la Casa Blanca convertir el desarrollo de las importaciones petroleras en "una prioridad de nuestra pol铆tica comercial y exterior". A fin de responder a las necesidades del pa铆s, el informe aconseja en especial a la Administraci贸n que se concentre en dos objetivos.
El primero consistente en aumentar las importaciones procedentes de los pa铆ses del Golfo Arabe, que poseen alrededor de dos terceras partes de las reservas energ茅ticas mundiales. Puesto que no existe otra regi贸n en el mundo que pueda aumentar su producci贸n con tanta rapidez, el informe recomienda llevar a cabo unos en茅rgicos esfuerzos diplom谩ticos encaminados a convencer a Arabia Saud铆 y a sus vecinos para que dejen en manos de las empresas estadounidenses la responsabilidad de llevar a cabo importantes trabajos de modernizaci贸n de sus infraestructuras.
Segundo objetivo: aumentar la "diversidad" geogr谩fica de las importaciones de Estados Unidos, a fin de reducir las consecuencias econ贸micas de los futuros sobresaltos de una regi贸n cr贸nicamente inestable. "La concentraci贸n de la producci贸n petrolera en una sola regi贸n del mundo puede contribuir a la inestabilidad del mercado", precisa el informe. Por consiguiente, "la diversificaci贸n de las fuerzas de abastecimiento tiene una importancia capital". Para promoverla, el informe sugiere una estrecha colaboraci贸n con las empresas estadounidenses del sector energ茅tico, destinada a aumentar las importaciones a partir de la cuenca del mar Caspio (especialmente de Azerbaiy谩n y de Kazajst谩n), del 脕frica subsahariana (Angola y Nigeria) y de Am茅rica Latina (Colombia, M茅xico y Venezuela).
Pero el informe Cheney olvida precisar lo que todo lector, por poco informado que est茅, debe concluir a la fuerza: todas las regiones se帽aladas como posibles fuentes de petr贸leo son inestables o mantienen fuertes sentimientos antiamericanos, cuando no se dan ambas condiciones a la vez. Pese a que determinadas partes de las elites de estas regiones se muestran favorables al desarrollo de la colaboraci贸n econ贸mica con Estados Unidos, otros sectores de la poblaci贸n rechazan a menudo esta idea, por cuestiones de nacionalismos o por razones econ贸micas o ideol贸gicas. Por tanto, las tentativas estadounidenses encaminadas a comprar m谩s petr贸leo a estos pa铆ses corren el riesgo de encontrarse con distintas formas de resistencia, que podr谩n llegar hasta el terrorismo u otro tipo de violencia. Por tanto, el informe implica unas consecuencias relativas a la seguridad que tienen una importancia considerable respecto a la estrategia internacional de Estados Unidos.
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Article File / Ficha del Artículo
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Title: /
Título:
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Las verdaderas razones de George Bush |
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Language: /
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Spanish / Espa帽ol |
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Autor:
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Michael KLARE |
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Opinion article / Art铆culo de opini贸n |
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2054 |
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Este artículo es anterior a enero de 2006, cuando se reconstruyó el servicio actual.
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