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By / Por: José FONSECA
El congreso del PC chino
El reciente congreso del Partido Comunista chino no ha lanzado al mercado de las etiquetas mediáticas la ansiada "perestroika amarilla", pero sí ha reconocido, y parece que sinceramente, la necesidad de cambios profundísimos en el país que representa a una cuarta parte de la Humanidad. Del comunismo chino va quedando, cada vez más, solamente la piel y el lenguaje, mientras China se convierte en poco a poco en un país normal.

La clausura del XVI Congreso del Partido Comunista Chino deja algunas lecciones que señalan el inevitable cambio hacia la democracia en ese gigante oriental. Está escrito en las entrelíneas de las noticias que provinieron del cónclave y en el desarrollo histórico del país, desde que en 1949 Mao implantara un sistema marxista-leninista. Preferible hubiera sido una declaración honesta de la incapacidad del marxismo para resolver los problemas de la sociedad china, pero el lenguaje, las decisiones y los hechos emanados de la última gran sociedad comunista en funcionamiento, hablan a las claras de las transformaciones que se avecinan. Como inicio inédito de jornada, se efectuó el primer canje en la más alta cúpula gobernante. Sin traumas, purgas, acusaciones o zancadillas, en lo que puede considerarse un cambio semi-democrático: no es usual que un comunista, Secretario General en el gobierno, abandone (en perfecto estado de salud física y mental) las riendas del poder y lo entrega democráticamente (al menos dentro del Partido) a un sucesor electo en el seno del Comité Central. Antes, en 1989, Deng Xiaoping había hecho algo similar, dejando su cargo al actual Secretario General saliente, Jiang Zemin. Había conservado, sin embargo, la poderosa presidencia del Comité Militar de las Fuerzas Armadas, desde donde continuó dirigiendo los destinos de la nación. En esa ocasión, Xiaoping hizo inscribir en la constitución interna del Partido la necesidad de cambiar a los secretarios generales después de cierta edad, y señaló como substituto de Zemin al joven Hu Jintao, que ahora, veintitrés años después, toma posesión como Secretario General del Partido Comunista y gobernante del país más poblado del planeta. Deng Xiaoping había sido un perseguido político durante la dinastía del fundador del Partido Comunista Chino, Mao Tse Tung. Pudo comprobar en carne propia los horrores a que son sometidos quienes caen en desgracia dentro de un sistema totalitario. Cuando retomó las riendas del poder, a la muerte de Mao, decidió democratizar las estructuras internas del Partido (al menos), dejando las riendas en manos de Zemin y registrando en la constitución de esa organización comunista la obligatoriedad de que, en el futuro, éste hiciera lo mismo. El futuro es ahora. Jiang Zemin, muy a su pesar, está cumpliendo su parte al entregar a Hu Jintao las riendas del poder. A inicios de año, hizo algunos movimientos para permanecer (después de la entrega de la Secretaría General) en la presidencia del poderoso Comité Militar (igual que había hecho Deng Xiaoping antes), pero ello no empaña demasiado un cambio que sucederá de la manera más democrática posible dentro del Partido. Ahora mismo, su permanencia en el Comité parece confirmada. Esta lectura política, que permite observar transformaciones, lentas pero reales, en la mentalidad dirigente de la alta cúpula gobernante, es muy importante si se constata que, tradicionalmente, en la antigua Unión Soviética, el cargo de Secretario General del Partido era vitalicio. Allí los jerarcas envejecían hasta su muerte, único camino para elegir un nuevo Secretario General (lo cual marcaba el inicio de otra era de poder absoluto, a espaldas de la democracia interna del Partido y, evidentemente, del pueblo). Países imitadores de los mecanismos dictatoriales de la ex Unión Soviética (por conveniencia oportunista), como Corea del Norte y Cuba, consiguieron innovar de tal manera en el procedimiento sucesorio antidemocrático (no sólo a nivel social, sino dentro del propio Partido) que se llegó (en el caso de Corea) a establecer una sucesión dinástica de tipo familiar (la dinastía Kim), donde el hijo sucedió al padre. Fidel Castro, por su parte, prepara su versión tropical de socialismo monárquico (la dinastía Castro), designado ya su hermano para sucederlo. Mientras los cambios se suceden en el área política, en la económica China abrazó el capitalismo desde el mismo momento en que Deng Xiaoping tomó las riendas del poder, en 1976, inscribiendo en la constitución del Partido su teoría del "socialismo a la manera china" (capitalismo con dictadura comunista). La herencia capitalista de Xiaoping fue profundizada por Zemin, quien en su afán de celebridad hizo su aporte "teórico" (también inscrito ahora en la constitución del Partido). Este nuevo engendro tiene su nombrecito: "la teoría de las tres representaciones". Con él Jiang Zemin pretende pasar a la posteridad. Sin embargo, se observan nítidamente dos aspectos que vale la pena resaltar: por un lado, el cambio gradual hacia la democracia (limitada pero real, dentro del Partido), que si bien no es democracia para todo el pueblo resulta un camino que indefectiblemente conducirá a ella; por el otro, la implantación del capitalismo de mercado en la economía, presionando para la aparición de la credencial teórica de Zemin y permitiendo la entrada en el Partido de empresarios capitalistas. Cuando finalmente estos emprendedores se hagan del poder político, la democracia pasará a formar parte de la sociedad china. Lo que hoy únicamente es potestad de los delegados al Congreso del Partido, en el futuro podrá disfrutarlo todo el pueblo. Una adecuada lectura de los últimos sucesos en China lleva, necesariamente, a la conclusión de que algunos de los gérmenes que se auto inoculan los sistemas comunistas acaban generando el cambio: primero hacia el sistema capitalista de mercado en la economía; después, hacia la democracia interna (inicialmente dentro del Partido) para, finalmente, luego de un empobrecedor viaje circular, llegar a la sociedad democrática. En China, después de más de medio siglo de ideología comunista y cuatro generaciones de líderes autoritarios, la ley de las probabilidades ha señalado la solución más efectiva: capitalismo de mercado como mecanismo más eficiente en la economía y democracia directa como vía de participación más aceptable en política. Esa es, sin lugar a dudas, la lección a extraer de las actividades en las que por estos días se involucró el Partido Comunista Chino.

Article File / Ficha del Artículo
 Title: /  Título: El congreso del PC chino
 Language: /  Idioma: Spanish / Español
 Author: /  Autor: José FONSECA
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 Crédito del autor:
Analista político brasileño.
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 Tipo de texto:
Opinion article / Artículo de opinión
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 Classic text /  Texto clásico
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