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| El congreso del PC chino |
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| El reciente congreso del Partido Comunista chino no ha lanzado al mercado de las etiquetas mediáticas la ansiada "perestroika amarilla", pero sà ha reconocido, y parece que sinceramente, la necesidad de cambios profundÃsimos en el paÃs que representa a una cuarta parte de la Humanidad. Del comunismo chino va quedando, cada vez más, solamente la piel y el lenguaje, mientras China se convierte en poco a poco en un paÃs normal. | |
La clausura del XVI Congreso del Partido Comunista Chino deja algunas lecciones que señalan el inevitable cambio hacia la democracia en ese gigante oriental. Está escrito en las entrelÃneas de las noticias que provinieron del cónclave y en el desarrollo histórico del paÃs, desde que en 1949 Mao implantara un sistema marxista-leninista. Preferible hubiera sido una declaración honesta de la incapacidad del marxismo para resolver los problemas de la sociedad china, pero el lenguaje, las decisiones y los hechos emanados de la última gran sociedad comunista en funcionamiento, hablan a las claras de las transformaciones que se avecinan.
Como inicio inédito de jornada, se efectuó el primer canje en la más alta cúpula gobernante. Sin traumas, purgas, acusaciones o zancadillas, en lo que puede considerarse un cambio semi-democrático: no es usual que un comunista, Secretario General en el gobierno, abandone (en perfecto estado de salud fÃsica y mental) las riendas del poder y lo entrega democráticamente (al menos dentro del Partido) a un sucesor electo en el seno del Comité Central.
Antes, en 1989, Deng Xiaoping habÃa hecho algo similar, dejando su cargo al actual Secretario General saliente, Jiang Zemin. HabÃa conservado, sin embargo, la poderosa presidencia del Comité Militar de las Fuerzas Armadas, desde donde continuó dirigiendo los destinos de la nación. En esa ocasión, Xiaoping hizo inscribir en la constitución interna del Partido la necesidad de cambiar a los secretarios generales después de cierta edad, y señaló como substituto de Zemin al joven Hu Jintao, que ahora, veintitrés años después, toma posesión como Secretario General del Partido Comunista y gobernante del paÃs más poblado del planeta.
Deng Xiaoping habÃa sido un perseguido polÃtico durante la dinastÃa del fundador del Partido Comunista Chino, Mao Tse Tung. Pudo comprobar en carne propia los horrores a que son sometidos quienes caen en desgracia dentro de un sistema totalitario. Cuando retomó las riendas del poder, a la muerte de Mao, decidió democratizar las estructuras internas del Partido (al menos), dejando las riendas en manos de Zemin y registrando en la constitución de esa organización comunista la obligatoriedad de que, en el futuro, éste hiciera lo mismo.
El futuro es ahora. Jiang Zemin, muy a su pesar, está cumpliendo su parte al entregar a Hu Jintao las riendas del poder. A inicios de año, hizo algunos movimientos para permanecer (después de la entrega de la SecretarÃa General) en la presidencia del poderoso Comité Militar (igual que habÃa hecho Deng Xiaoping antes), pero ello no empaña demasiado un cambio que sucederá de la manera más democrática posible dentro del Partido. Ahora mismo, su permanencia en el Comité parece confirmada.
Esta lectura polÃtica, que permite observar transformaciones, lentas pero reales, en la mentalidad dirigente de la alta cúpula gobernante, es muy importante si se constata que, tradicionalmente, en la antigua Unión Soviética, el cargo de Secretario General del Partido era vitalicio. Allà los jerarcas envejecÃan hasta su muerte, único camino para elegir un nuevo Secretario General (lo cual marcaba el inicio de otra era de poder absoluto, a espaldas de la democracia interna del Partido y, evidentemente, del pueblo).
PaÃses imitadores de los mecanismos dictatoriales de la ex Unión Soviética (por conveniencia oportunista), como Corea del Norte y Cuba, consiguieron innovar de tal manera en el procedimiento sucesorio antidemocrático (no sólo a nivel social, sino dentro del propio Partido) que se llegó (en el caso de Corea) a establecer una sucesión dinástica de tipo familiar (la dinastÃa Kim), donde el hijo sucedió al padre. Fidel Castro, por su parte, prepara su versión tropical de socialismo monárquico (la dinastÃa Castro), designado ya su hermano para sucederlo.
Mientras los cambios se suceden en el área polÃtica, en la económica China abrazó el capitalismo desde el mismo momento en que Deng Xiaoping tomó las riendas del poder, en 1976, inscribiendo en la constitución del Partido su teorÃa del "socialismo a la manera china" (capitalismo con dictadura comunista). La herencia capitalista de Xiaoping fue profundizada por Zemin, quien en su afán de celebridad hizo su aporte "teórico" (también inscrito ahora en la constitución del Partido).
Este nuevo engendro tiene su nombrecito: "la teorÃa de las tres representaciones". Con él Jiang Zemin pretende pasar a la posteridad. Sin embargo, se observan nÃtidamente dos aspectos que vale la pena resaltar: por un lado, el cambio gradual hacia la democracia (limitada pero real, dentro del Partido), que si bien no es democracia para todo el pueblo resulta un camino que indefectiblemente conducirá a ella; por el otro, la implantación del capitalismo de mercado en la economÃa, presionando para la aparición de la credencial teórica de Zemin y permitiendo la entrada en el Partido de empresarios capitalistas. Cuando finalmente estos emprendedores se hagan del poder polÃtico, la democracia pasará a formar parte de la sociedad china. Lo que hoy únicamente es potestad de los delegados al Congreso del Partido, en el futuro podrá disfrutarlo todo el pueblo.
Una adecuada lectura de los últimos sucesos en China lleva, necesariamente, a la conclusión de que algunos de los gérmenes que se auto inoculan los sistemas comunistas acaban generando el cambio: primero hacia el sistema capitalista de mercado en la economÃa; después, hacia la democracia interna (inicialmente dentro del Partido) para, finalmente, luego de un empobrecedor viaje circular, llegar a la sociedad democrática.
En China, después de más de medio siglo de ideologÃa comunista y cuatro generaciones de lÃderes autoritarios, la ley de las probabilidades ha señalado la solución más efectiva: capitalismo de mercado como mecanismo más eficiente en la economÃa y democracia directa como vÃa de participación más aceptable en polÃtica. Esa es, sin lugar a dudas, la lección a extraer de las actividades en las que por estos dÃas se involucró el Partido Comunista Chino.
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Article File / Ficha del Artículo
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Title: /
Título:
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El congreso del PC chino |
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Language: /
Idioma:
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Spanish / Español |
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Author: /
Autor:
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José FONSECA |
Author email address:
Correo electrónico del autor:
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Author credit:
Crédito del autor:
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Analista polÃtico brasileño.
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Type of text:
Tipo de texto:
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Opinion article / ArtÃculo de opinión |
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Category: /
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Classic text /
Texto clásico
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No. of words:
Núm. de palabras:
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941 |
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Este artículo es anterior a enero de 2006, cuando se reconstruyó el servicio actual.
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