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| Estado e individuo |
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| Pocos textos del liberalismo clásico han perdurado con tan intensa vigencia como estas sabias palabras de Thomas Paine, uno de los padres de la república norteamericana. Paine representa en el Nuevo Continente un papel similar al de Frédéric Bastiat en Europa: desenmascara el Estado, lo desmitifica y nos revela la fórmula, entonces revolucionaria y hoy dÃa evidentÃsima, de que a mayor Estado, menor y peor sociedad. Porque, sencillamente, a más Estado, menos libertad. | |
Gran parte de lo que predomina en la Humanidad no es efecto del Estado. Sus raÃces se encuentran en los principios de la sociedad y en la constitución natural del hombre. Ha existido mucho antes que el Estado y existirá cuando el Estado como concepto sea abolido. La dependencia mutua y el interés común que cada individuo siente hacia el otro, y todas las estructuras de la comunidad civilizada, unas hacia las otras, son los artÃfices de esta gran cadena que les mantiene juntos. El terrateniente, el granjero, el fabricante, el comerciante, el industrial, y cada oficio, están prosperando con la ayuda que cada uno recibe del otro, y de los demás, en general. Sus preocupaciones se rigen por intereses comunes, y crean sus leyes; y estas cutumas empleadas a diario, tiene mayor influencia que la que pudieran tener, nunca, las leyes del Estado. En definitiva, la sociedad realiza para si misma casi todo lo que se le ha asignado al Estado.
Es necesario tomar en cuenta la naturaleza del hombre para entender el tipo y el grado de gobierno que sea adecuado para él. La Naturaleza creó al hombre para tener vida social, preparándole para este propósito. De todas maneras, hizo que sus deseos fueran mucho más grandes que sus propios poderes. Ningún hombre puede alcanzar sus deseos, sin la ayuda de la sociedad, y aquellos deseos, que todos los individuos poseen, les impulsa hacia la sociedad, de la misma forma que la gravedad se siente atraida por el centro.
Pero ella ha llegado aún más lejos. No le ha llevado, solamente, a formar parte de la sociedad a través de la diversidad de deseos que precisan de un abastecimiento mútuo para realizarse, sino que, además ha hecho nacer en él un sistema de sentimientos sociales, que, a pesar de no ser necesarios para su existencia, son imprescindibles para su felicidad. El amor a la sociedad perdura siempre en la vida. Empieza y se acaba a la vez que nuestras vidas.
Si analizamos con atención la materia y la constitución del ser humano, la diversidad de sus deseos y la de sus talentos en individuos diferentes de tal forma que sean compatibles unos con otros, su inclinación hacia la sociedad y, por consiguiente hacia salvaguardar las ventajas que esto signifique, descubriremos, facilmente, que gran parte de lo que se conoce como Estado es una mera imposición.
El Estado sólo es necesario en la medida en que tiene que proporcionarle a la sociedad y a la civilización las pocas cosas que ellas, por sà solas, no pueden conseguir.
Durante dos años desde el principio de la Guerra Americana, y durante más tiempo en algunos de los Estados Americanos, no existÃan formas establecidas de Estado. Los antiguos Estados habÃan sido abolidos y el paÃs estaba demasiado ocupado en defenderse como para pensar en establecer nuevos Estados; sin embargo, la harmonÃa y el orden fueron preservados y respetados al igual que en un paÃs europeo. El ser humano posee una cualidad natural, y más fuerte aún dentro de la sociedad, que hace que el hombre disponga de una variedad de habilidades y recursos para adaptarse a cualquier situación. En el momento en que un Estado es abolido, la sociedad toma el mando: se forma una asamblea general y el interés común lleva a una seguridad común.
Está muy alejado de la verdad (por más que se haya pretendido) que la abolición de toda forma de Estado conlleve la disolución de la sociedad. Cuando, el individuo, tanto por su instinto natural como por los beneficios recÃprocos, está acostumbrado a la vida social y civilizada, siempre quedará viva una parte suficiente de sus principios que le ayude a vivir y a llevar a cabo los cambios necesarios o convenientes dentro de su Estado. Para abreviar, el ser humano es simplemente una criatura de sociedad y es, practicamente, imposible sacarlo fuera de ella.
El Estado como tal significa sólo una pequeña parte de la vida civilizada. Cuanto más perfecta es una civilización, menos oportunidad tiene el Estado, ya que ella misma tendrá más poder para regular sus propios asuntos, y para gobernarse sola; pero los antiguos Estados, por el contrario, mediante sus actos, no hacen más que incrementar sus gastos en la misma medida en que deberÃan reducirlos. Hay muy pocas leyes que necesite la vida civilizada, y tales leyes de uso benéfico para el bien común, independientemente de que sean impuestas por un forma de Estado o no, producirán casi el mismo efecto. Si tomamos en cuenta cuáles son los principios que unen, primero, a los hombres dentro de la sociedad y cuáles son las razones que regulan, posteriormente, las relaciones entre ellos, descubiremos que, al llegar al llamado Estado, casi todo el trabajo está hecho por la interacción natural de las partes sobre cada una de ellas.
El hombre, en lo referente a todas estas cuestiones, es un ser de mucha mayor consistencia de lo que el mismo se da cuenta y de lo que de los Estados desean que él crea. Todas las grandes leyes de la sociedad son leyes de naturaleza. Las leyes comerciales, independientemente de ser realcionadas con individuos o naciones, son leyes de interés mutuo y recÃproco. Son leyes que se respetan porque son para el interés de las todas partes, y no han sido impuestas o interpuestas, de modo formal, por sus respectivos Estados.
Pero, ¡cuántas veces la predisposición natural de la sociedad se ha visto afectada o destruida por los actos del Estado! Cuando el último, en vez de ser una injerción sobre los principios de la primera, pretende existir por sà mismo, y actúa con favoritismo y opresión, se transforma en la causa de los daños que deberÃa prevenir.
Si miramos atrás a los disturbios y los tumultos que han pasado, muchas veces, en Inglaterra, descubriremos que no eran resultado del deseo del Estado, sino que el propio Estado los habÃa generado; en lugar de consolidar una sociedad, la separaba; la despojaba de su unión natural, haciendo surgir descontentos y desórdenes que de otra manera no hubiesen existido. En aquellas sociedades creadas por los hombres, sin distinción alguna, con el fin de comerciar, o de cualquier otra Ãndole en las que el Estado se encuentra totalmente fuera del asunto, y en las cuales ellos actuán basándose, meramente, en los principios de la sociedad, vemos como las partes se unen de forma natural; lo que demuestra, en comparación, que los Estados, lejos de ser siempre la causa o los medios del orden, son a menudo la destrucción del mismo. Los disturbios de 1780 no tienen como fuente más que los restos de aquellos daños que el propio Estado habÃa alentado. Pero, en referencia a Inglaterra, existen también otras causas.
Los efectos, por mucho que se disfrace al exceso y a la falta de equitatismo de los impuestos, terminarán, siempre, por aparecer. Ya que una gran masa de gente es empujada hacÃa la pobreza y el descontento, este mar de gente se encontrará, constantemente, al borde de la sublevación social; y, desgraciadamente, despojados de toda información, serán, facilmente, empujados hacia la rabia. Cualquiera que fuese la razón aparente de cualquier disturbio, en realidad, siempre serÃa el deseo de la felicidad. Lo que significa que algo está mal dentro un sistema de Estado que hiere la felicidad que es el elemento de preservación de la sociedad.
Como un hecho superior al razonamiento, la situación de America viene para confirmar estas observaciones. El último paÃs del mundo, donde uno esperarÃa encontrar la unión, haciendo un cálculo básico, es America. Formada por gente de tantos paises diferentes, habituados a costumbres y formas diferentes de Estado, hablando idiomas diferentes, y de creencias aún más peculiares, significarÃa que la unión de tales personas serÃa imposible de llevar a cabo; pero con sólo levantar un Estado apoyado sobre los principios de la sociedad y los derechos del hombre, cualquier dificultad desaparecerÃa, y todas las partes formarÃan un conjunto cordial. Allá, los pobres no son oprimidios, ni los ricos favorecidos. La industria no se encuentra mortificada por la grandiosa revuelta de masa sostenida con su dinero. Sus impuestos son pocos, ya que su Estado es justo: y como no hay nada que les convierta en pobres, tampoco existe nada que cree desórdenes y revueltas.
Una de las grandes ventajas de la Revolución Americana ha sido el haber descubierto los principios, y el haber desenmascarado la imposición de los Estados. Todas las revoluciones hasta el momento se habÃan desarollado bajo la atmósfera de un tribunal, y nunca en el gran terreno de una nación. Las partes eran siempre del tipo palaciego; y por muy grande que fuese su furia por reformar, siempre, preservaron el fraude de su oficio.
En todos los casos tuvieron mucho cuidado en hacer creer que el Estado era una cosa llena de misterios, que solamente ellos podÃan comprender; y escondieron a la nación lo único que hubiese sido benéfico para saber, es decir, que el Estado no es más que una forma societaria nacional agregada a los principios de la sociedad.
Después de haber intentado mostrar que el estado social y civilizado del hombre es capaz de crear, por si sólo, casi todo lo necesario para su protección y su gobierno, serÃa bueno, por otra parte, revisar los antiguos Estados presentes y analizar si sus principios y sus prácticas corresponden aquÃ.
(De "Los Derechos Humanos")
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Article File / Ficha del Artículo
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Title: /
Título:
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Estado e individuo |
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Language: /
Idioma:
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Spanish / Español |
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Author: /
Autor:
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Thomas PAINE |
Author email address:
Correo electrónico del autor:
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Author credit:
Crédito del autor:
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PolÃtico y pensador estadounidense (1737-1809).
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Type of text:
Tipo de texto:
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Opinion article / ArtÃculo de opinión |
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Category: /
Categoría:
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Classic text /
Texto clásico
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No. of words:
Núm. de palabras:
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1550 |
Article introduced on:
Artículo introducido el:
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This archived article is older than January 2006 when the current service was rebuilt.
Este artículo es anterior a enero de 2006, cuando se reconstruyó el servicio actual.
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