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| Multiculturalismo |
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| No suele entrar en los cálculos del amo, a nadie le preocupa el origen, los recuerdos, las señas de identidad de un simple "instrumentum vocale". El patrón se limita al acarreo masivo de mano de obra fresca, barata y desarraigada, mercancía de escasa o nula cualificación, que no domina la lengua de sus señores, a la que la falta de documentos y la ilegalidad vuelve precaria, inerme y sumisa: Los trabajadores ideales. Pero los parias arraigan, se instalan, colonizan espacios en los márgenes de la sociedad, habitan las periferias y, con los años, los recuerdos traídos de la patria ancestral reproducen en tierra extraña la sociedad originaria: Las pequeñas argelias, chinas e indias de los suburbios europeos. Algo se transforma ante los asombrados ojos de las altas castas ilustradas, cristianas, demócratas. Donde hubo casas del pueblo empiezan a levantarse alminares. | |
EL VERDADERO VELO
El fenómeno clave que se refleja en el multiculturalismo es la división internacional del trabajo, cuyos orígenes se remontan al siglo XVI. Una parte del planeta, lo que denominamos a grandes rasgos "Occidente", concentra la mayor parte de la riqueza del globo, consume el ochenta por ciento de su energía y acapara el noventa por ciento de los intercambios comerciales. El resto, en el que vive el grueso de la humanidad, se limita a obedecer y subsistir. Evidentemente, a los ricos no les parece una agresión cultural cambiar dietas y cultivos tradicionales, sumergir a hombres de sociedades agrarias cuasi feudales en los peores abusos de la sociedad moderna, matar de hambre a poblaciones enteras para mantener en orden los excedentes agrarios y sus precios y demás lindezas. Tampoco se elevan demasiadas voces en contra de la expoliación sistemática de las obras artísticas de los países llamados tercermundistas. Y eso por no hablar de aficiones tales como el turismo sexual, el uso de la esclavitud infantil por las marcas de prestigio europeas, etc. Ese tipo de velos no nos importa que existan. Los expertos nos dirán que el precio inevitable de la expansión económica del capitalismo planetario exige la explotación de las "ventajas comparativas ricardianas" hasta el último extremo. Y en la explotación económica va unida siempre la cultural.
¿Qué remedio pueden oponer las sociedades víctimas de una destrucción semejante de sus estructuras? La rebelión, dificultada siempre por la existencia de regímenes "moderados" como el de Arabia Saudí o el del Chile neoliberal de Pinochet, o la simple y pura huida. Nuestro paraíso del libre mercado ofrece a los hambrientos la posibilidad de disfrutar de algunas migajas del banquete y de aliviar las tensiones que el continuado crecimiento demográfico de los pobres (¿Por qué "sobran" los habitantes de una Latinoamérica casi despoblada y hacen falta en una saturada Europa?) y proporcionar mano de obra de bajo coste y ninguna obligación a los ávidos patronos de Europa y América. Los nuevos medios de transporte han encogido el mundo, nos ponen sus bellezas al alcance de la mano; también sus problemas.
CULTURA MUNDIAL
No podemos considerar negativo que se abran nuestras perspectivas. Jamás como ahora hemos podido conocer más de cerca otras culturas, otros pueblos y otras religiones. El grave peligro surge cuando establecemos categorías, al uso de la opinión liberal, que califican todo lo producido en el mundo anglosajón como necesariamente superior a lo "bárbaro", especialmente si es islámico y árabe. Los defensores de la sociedad abierta tienden curiosamente a ser muy poco tolerantes con los que vienen de otras tradiciones, en otro caso más antiguas e ilustres que la sajona. En España se nota esta tendencia en la afición a escoger mano de obra latinoamericana, pensando que un chino, un argelino o un hindú son elementos subhumanos incapaces de adaptarse a una vida "civilizada, culta y liberal" de hamburguesas, hipotecas, telebasura y fútbol. Ser pobre y extraño es el mayor delito para la burguesía. Si la memoria histórica no fuera tan inútil, podríamos releer los testimonios de escritores como Lovecraft sobre los emigrantes italianos y rusos en América, a los que consideraba como monstruos subhumanos que iban a sumir a su adorada Nueva Inglaterra en la barbarie. Las miserables clases medias ibéricas también miraron (y miran) de la misma forma a los pobres y desarraigados jornaleros del sur profundo que se instalaron en Tarrasa, la margen izquierda del Nervión o Áviles. Quien haya estudiado la historia del nacionalismo vasco sabe la fuerza que tuvo entre los primeros peneuvistas el mito de "los de la navaja".
No es un conflicto de civilizaciones lo que hoy conoce el mundo, es la lucha de clases. Todos los movimientos de rebeldía frente a Occidente buscan la justicia social, la redistribución igual de los recursos y la defensa de las tradiciones nacionales y comunales. Lo que todavía no parece haber llegado es la conciencia universal del conflicto: Bajo todos los pintorescos disfraces que adquiere (incluso en los casos más aberrantes), se pide arraigo, dignidad y justicia. Son los diferentes estadios culturales, sociales y económicos y el hecho generalizado de la pobreza, los que degradan ideológicamente algunas de estas manifestaciones.
El problema no está en las religiones ni en las costumbres; si la ilustración, la sanidad y la riqueza se repartiesen mejor, todos los aspectos que nos aterran de otras tradiciones desaparecerían. Recordemos que, hasta hace treinta años, al sur de los Pirineos vegetaba un pueblo fatalista, fanático, irremediablemente pobre y destinado por el hado a la guerra y la emigración. País de inquisidores, guerrilleros y revueltas sangrientas, de dictadores y reyes infames, condenado a serlo eternamente por su tradición católica y tridentina. Bastó una década de desarrollo económico para que todo eso cambiara. No nos ha hecho falta quemar El Escorial, acabar con los toros y la Semana Santa, ponerle cerrojos al sepulcro del Cid ni trasladar al desván los cuadros del Greco.
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Article File / Ficha del Artículo
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Title: /
Título:
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Multiculturalismo |
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Language: /
Idioma:
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Spanish / Español |
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Author: /
Autor:
|
José MANJÓN |
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Tipo de texto:
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Opinion article / Artículo de opinión |
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Category: /
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Classic text /
Texto clásico
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Núm. de palabras:
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819 |
Article introduced on:
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Este artículo es anterior a enero de 2006, cuando se reconstruyó el servicio actual.
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