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By / Por: István BALASZ
Creación versus reparto de la riqueza
La riqueza se crea, y su creación es ilimitada. El socialismo parte de la premisa falsa de que la riqueza es en gran medida finita, y que por lo tanto el Estado debe repartirla para asegurarse de que todos accedan al menos a una parte digna de la misma. En realidad, la pobreza se alivia y eventualmente se elimina generando infatigablemente riqueza y poniendo a todos en disposición de crearla para sí, ya que de esa manera generan también, tangencialmente, riqueza para los demás.

En las sociedades que hemos padecido la aplicación real y práctica del socialismo, con o "sin rostro humano" (o en ambas presentaciones, como es el caso de Hungría), resulta aún más extraña la pertinaz resistencia del ideal socialista a desaparecer de nuestro subconsciente colectivo. Prueba de ello es la reciente victoria electoral de los socialdemócratas húngaros y, mucho peor aún, el retorno de varios partidos comunistas al poder en los últimos años, como es el caso de Rumanía y de Moldavia (donde hasta tienen la poca vergüenza de seguir llamándose Partido Comunista). El mecanismo que le da a esta ideología tanta influencia social y, eventualmente, le permite acceder por las urnas al poder que otrora sólo mantenía por la fuerza, consiste en generar entre la ciudadanía la falsa sensación de que la riqueza es finita y de que, por ende, sólo les beneficiará personalmente un gobierno decidido a tomarla de quienes tienen más y repartirla entre quienes tienen menos. Como la riqueza es una constante, quienes tienen más son directamente responsables de que otros tengan menos y es necesario que el poder político intervenga para modificar esa situación. La premisa sobre la que se asienta esta visión y todo el edificio ideológico socialista es, simplemente, falsa. La riqueza no es finita. La riqueza no es una constante fija sino una magnitud permanentemente creciente, que crece más o menos deprisa en función de la coyuntura. La riqueza se crea, y el único límite a la creación de riqueza es el que disponen las limitaciones humanas. La pobreza se alivia mejor y más rápido ayudando a generar riqueza nueva que expropiando y repartiendo la riqueza preexistente. Además, todo acto de expropiación (fiscal o de cualquier otra naturaleza) limita las posibilidades de generación espontánea de riqueza en la sociedad. Por definición, la riqueza no es estática. Esté en pocas o en muchas manos, la riqueza no está quieta: siempre está invertida o colocada en productos financieros que no solamente generan beneficios al poseedor de la riqueza sino, tangencialmente, al conjunto de la sociedad. Si usted tiene diez millones de dólares y los invierte en un fondo de inversión propuesto por su banco, no sólo se beneficia usted, ya que el banco usará su dinero para conceder cientos de créditos y para invertir en numerosas actividades productivas generadoras de empleo y de consumo. El capitalismo funciona basándose en el beneficio tangencial que todos producimos a los demás por el mero hecho de ser económicamente activos. Y cuanta mayor riqueza tengamos, normalmente más activos seremos (o lo será nuestro dinero) y, por tanto, mayor riqueza adicional generaremos tangencialmente en la sociedad. Por ello poner trabas a la generación (e incluso a la acumulación) de riqueza es un grave error basado en la miopía redistributiva del pensamiento socialista. Cuando el Estado interviene la economía, paraliza en gran medida a los ciudadanos en su actividad económica y elimina así, de un plumazo, millones de operaciones que por supuesto son generadoras de beneficio directo para sus ejecutores pero que son, sobre todo, creadoras de un importantísimo beneficio tangencial para otros y para el conjunto de la sociedad. Durante décadas, las sociedades del Este de Europa dejamos la creación de riqueza en manos de la pesada maquinaria burocrática de los Estados. Por ello crecimos mucho menos que los países capitalistas. Partíamos de la base de que el Estado generaba una riqueza cuantificable y distribuíble mediante complejos criterios de ingeniería social destinados a asegurar la justicia del reparto. Corrupción aparte, esa utopía era simplemente inviable y los hechos lo demostraron cuando el conjunto de economías socialistas colapsó. La riqueza, en realidad, se genera mejor y más deprisa cuando es el ciudadano individual quien la produce, ya sea mediante el alquiler de su trabajo a una empresa, ya sea mediante su actividad profesional independiente como trabajador autónomo, ya sea asociándose con otros para juntar su capital y emprender una actividad productiva. Además, el boom del sector servicios hipercompetitivo, pilar fundamental del bienestar y del comfort de la gente en el mundo actual, habría sido imposible mediante la ejecución estatal de esos servicios, ya que si el Estado es mal productor de bienes, suele ser todavía peor gestor de servicios. Una de las claves "naturales" de la economía es que la riqueza, al contrario que la energía, sí se crea y sí se destruye. Basta echar una ojeada a un país devastado por la guerra para ver que la riqueza es destructible, y basta volver la mirada al "milagro" japonés o coreano para darse cuenta de que la riqueza es creable. ¿Cómo se destruye? Tomando decisiones económicas erradas. ¿Cómo se crea? Tomando las correctas. La incansable divulgación y propagación de esta irrefutable verdad económica es esencial para que la gente abandone las viejas utopías del reparto y exija en cambio plena libertad y nulas trabas para crear riqueza para sí mismos, que es como, además de ganarse la vida, ayudarán a que también los demás se la ganen. Lo maravillosamente ético del capitalismo, por más que la izquierda no lo quiera reconocer, es precisamente que uno prospera en la medida en que ayuda tangencialmente a prosperar a los demás, ofreciéndoles productos y servicios buenos y baratos, creando empleo y autoempleo, aportando directa o indirectamente capital a otras tareas.

Article File / Ficha del Artículo
 Title: /  Título: Creación versus reparto de la riqueza
 Language: /  Idioma: Spanish / Español
 Author: /  Autor: István BALASZ
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 Crédito del autor:
Sociólogo húngaro.
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 Tipo de texto:
Opinion article / Artículo de opinión
 Category: /  Categoría:
 Classic text /  Texto clásico
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 Núm. de palabras:
872
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Este artículo es anterior a enero de 2006, cuando se reconstruyó el servicio actual.
 
      
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